domingo, 28 de abril de 2013

Él & Ella

Era una tarde de invierno como todas, fría y tediosa, oscura y sombría, lluviosa, pero aún así era perfecta. No tenía nada que hacer salvo escuchar el guitarreo de las gotas frente a la ventana. Eso le relajaba, le sumía en una profunda tranquilidad. Se quedaba absorto en sus pensamientos, dando mil vueltas en ellos a sus quehaceres, a sus responsabilidades, a sus sentimientos. Vivía con una hoja de papel al lado, donde siempre escribía aquellas frases sin un significado específico que esperaba poder unir y formar una declaración, una intención, un logro, que le sirvieran de inspiración.

Su princesa, su musa, por quién había luchado guerras imposibles en el alma, aquella que le desvelaba en la madrugada con un beso soñado; ella ya no estaba, ella necesitó desaparecer. A ella le prometía esos amaneceres prohibidos y ocasos en silencio; para ella eran esos "te quiero" jamás pronunciados, esos besos que se quedaron vagando por el aire y que no la llegaron, esas caricias que morían en su mente sin ser transformadas en una realidad.

Él la lloraba todas las noches, ¿ella lloraría alguna vez por él? Sus pensamientos negativos le impedían dormir, ni siquiera conciliar levemente su sueño. Lloraba hasta el agotamiento.

Esa misma tarde de invierno, fría y tediosa, oscura y sombría, lluviosa, tras dos años de perfecto ritual guardó el último papel escrito en un cajón junto a los otros, sin un orden apropiado. Abrió el ventanal, una brisa invernal inundó toda la estancia, se dejó llevar con lágrimas en los ojos. Sabía que ésa era la única manera de volver a estar con ella.