lunes, 30 de septiembre de 2013

Murphy y su complot. Primera parte

No existe mayor tocapelotas en el mundo que supere a nuestro cerebro. Bueno si, un tal Murphy. Pero están compenetrados, trabajan juntos.

Es verdad, y lo sabéis. Os estáis mintiendo si lo negáis. Es un hecho psicológicamente probado. Probado por mí.

Estáis tan tranquilos en vuestra casa, sentados en el sofá, viendo una película, cuando aparece una escena, la cual os evoca un recuerdo pasado debido a que os sucedió algo muy parecido. Y, sin saber como, habéis dejado de prestar atención a lo que estabáis viendo para poneros melosos recordando ese beso, ese encuentro, esa recreación de "¿amor?"... Y te jode. Pero lo dejas pasar, ha sido un momento de debilidad.

Jajajajajaja, tras la debilidad, quien anda agazapado esperando es el maldito Murphy. Sí, el de las leyes, el de las películas de "Superdetective en Hollywood" y "Dr.Dolittle", ese mismo, sí xD

¿Y a qué se dedica este buen hombre cuando no está haciendo pelis? A joderte fastidiarte básicamente. Te evoca recuerdos sin venir a cuento, sin un porqué. Y cuando has caído en su trampa, te pone delante de tus narices a la persona del recuerdo, pero no en recuerdo, sino en cuerpo, (¡y qué cuerpo!) y otra vez la picha cabeza hecha un lío. 
Porque, sin comerlo ni beberlo, sin esperarlo, el cuerpo te abraza. Así, sin más. Un año sin noticias y zasca, de primeras un abrazo con el que te tiemblan las piernas. Eso no lo ha hecho el cuerpo, ha sido Murphy.

Y es que Murphy tiene un plan para ti. Cuando ya has relanzado tu vida "sentimental", cuando ya tenías a ese cuerpo completamente abandonado en la cuneta de la menos transitada carretera, llega Murphy disfrazado de abrazo y se cuela en tu cerebro. Y todo se va la mierda. Vuelven los recuerdos, vuelves a querer saber de ese cuerpo, te entra el mismo sentimiento que la primera vez; y te pones a pensar cuándo fue eso y miras el calendario. Y te sorprendes al descubrir que sólo faltan unos días para que se cumplan 2 años de ese momento.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Cinco metros cuadrados

Donde trabajo hay una estancia pequeña, donde vamos guardando aquellas cosas utilizadas cuya vida útil ha perecido. Es una sala pequeña, de unos cinco metros cuadrados, quizá alguno más si quitamos las estanterías. Pues bien, desde hoy, ese es mi cuartito preferido.

Todos días, en la hora anterior para acabar mi turno, llevo todos los papeles y demás material que ya no se van a usar a dicha sala. Sólo 4 personas tenemos la llave de la misma. Dos en mi turno y otras dos personas en el otro turno. Y, como siempre y para no variar, intento llevarlo todo en un solo viaje.

Hoy era un día tonto, de esos días de manos de mantequilla y piernas de regaliz; todo se caía, todo se rompía, no daba pie con bola. Con una torre de material entre mis brazos que me impedía ver los pasos que daba, intenté de cientos de formas atinar con la llave y la cerradura de mi amado cuarto. Las llaves al suelo, como era de esperar en un "Día-Murphy".

De una estela de humo invisible apareció mi compañero, el otro portador de la llave de mi turno, como si de un príncipe se tratara dispuesto a salvarme. Iba tan en mi mundo que no le oí cerrar la puerta con llave cuando entramos.

Dejamos las cosas en su sitio previamente establecido, entre risas, chistes y sonrisas. Pero me bloqueó el paso antes de llegar a la puerta. Me hizo retroceder sobre mis talones hasta el trozo de pared libre más cercano, mientras de su boca salían las más bellas palabras que nunca había escuchado: "quiero que seas mía", "hace tiempo que siento por ti lo que por nadie", "muero por sentir esa sonrisa en mi boca".

Era un hecho evidente que entre los dos siempre hubo mucha química, la cual se iba a transformar en física si nadie hacía nada por evitarlo. Y estaba claro que ninguno de los dos iba a hacerlo. Así que... nos dejamos llevar, en apenas cinco metros cuadrados, (esperamos, insonorizados), envolviéndolo con nuestras respiraciones elevadas a la enésima potencia, con gritos ahogados y un desenfreno irracional.

Terminamos nuestro turno allí, en mitad del cuartito, resoplando, con cientos de papeles y otros útiles siendo testigos de nuestro affaire. 

Salimos de allí con la promesa de encontrarnos mañana. Espero que él lo desee tanto como yo. 

viernes, 6 de septiembre de 2013

Y si te la sopla... bien por ti

Llega un momento en la vida en la que todo te empieza a dar igual.
Que ya es hora de ir a tu rollo y dejar de hacer lo que los demás creen según ellos que está bien y comenzar a hacer lo que tú piensas que es lo correcto, dejándote llevar más por tu impulso y razón que por otros motivos que pueden llevar a confusión, como es el corazón.

Intuición. La intuición no falla. Esa primera sacudida que nos da cuando conocemos algo nuevo. Eso es lo que debería movernos, y digo debería porque en el fondo no lo hace. Debería hacerlo, pero nos da miedo dejarnos llevar por la intuición y comenzamos a darle vueltas a la "idea" que nos ronda.

Si o no. Blanco o negro. Arriba o abajo. Y al final tantas dudas disipan la intuición.

Y nos vamos a la mierda, inexorablemente.

Por eso os animo a que si pensáis que es blanco a la primera, digáis blanco, aunque el resto diga negro. Que no os obliguen a decir negro cuando no lo es. Tened personalidad y no os dejéis llevar. Y si te la sopla,... bien por ti, más me la sopla a mí.

Posiblemente esto caiga en saco roto, al igual que el resto de mis entradas de blog, pero me conformo con que una persona, una sola persona, reflexione sobre esto. Con eso, me doy por conforme.

Mantendremos el contacto.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Pequeños fragmentos del interior 5

"Te quiero" ...
... y rompiste mis esquemas.

"Te quiero" ...
... y mandé por tu culpa mis ideales a la mierda.

"Te quiero" ...
... y abriste un nuevo mundo bajo mis pies.

"Te quiero" ...
... y abandoné esta vida para juntarme a ti.

"Te quiero" ...
... y la tonta fui yo por creerme esta vil mentira.