domingo, 26 de mayo de 2013

La inspiración ha muerto, larga vida a la inspiración...

Tengo delante una hoja en blanco, esperando que la escriban, pero la inspiración es amante traicionera y parece que tarda en llegar.
Mientras tanto, le doy vueltas a la cabeza, pensando qué podría escribir.

Abrí este blog hace un año, con una clara intención: escribir mis inspiraciones diarias, aquellas historias que se me ocurrían viajando en el bus o cuando salía a prácticar algo de deporte, escribir pequeños fragmentos de vida pasada, como si de un diario se tratara.
No hace falta hacer los cálculos para comprobar que he fallado en el intento.

La inspiración es algo que llega, no se puede buscar, cuando se busca se corre el riesgo de que pase lo que me está pasando ahora mismo, que llegue la desesperación. Quizá mi vida sea demasiado aburrida y por eso no puedo deleitaros con algo conmovedor, inspirador o humorístico. Podría tirar del ahora típico tópico "es que estoy en crisis" y sería tan real como la vida misma, o también podría contaros la historia trágica de mi vida. Pero no quiero aburriros con banalidades.

Pido disculpas por esta entrada sin sentido, no volverá a ocurrir. Pero a veces una necesita desahogarse escribiendo aunque sean cosas que no guarden relación en sí mismas. He ahí la complejidad de la mente humana...

Y sin más, me despido y os prometo que la próxima entrada tendrá más sustancia. No dejéis de leerme. Se os agradece siempre

viernes, 3 de mayo de 2013

Una tarde como otra cualquiera. Pensamientos de un conductor de autobús

Viernes, 18:00 pm, otro día más, la misma ruta pero distinta gente. El calor empieza a ser insoportable y conducir el autobús en estas condiciones es horrible. Bueno, vamos a ello.

Hoy parece tranquilo, hay poca gente a la que ofrecer mis servicios de conductor. La única parada del trayecto será corta.

Menos mal que la música de la radio me ayuda a hacer el trayecto más ameno. Los 40 primeros minutos son mortales para cualquiera de mi gremio, no es más que carretera y carretera, una larga y recta autovía, con el asfalto ardiendo por las altas temperaturas. Esos 40 minutos son los que tardo en hacer la primera parada y única antes de llegar al destino final. Gracias a que se ve algo de movimiento y tráfico.

Viernes, 18:40. Llegamos a la parada, medio bus fuera, un poco más y me dejan solo...

Sigamos nuestro camino. Uy, el autobús parece que pierde velocidad, qué raro... no puedo continuar, por más que piso el acelerador no aumenta la velocidad, sino que se va reduciendo poco a poco. Me orillaré un poco hacia el arcén y pararé para ver que ocurre. Ante todo no asustar a los pasajeros, por eso no diré nada de lo que pasa, que ellos saquen sus propias conclusiones.

Ummmm... parece que aquí atrás en el motor hay algo raro. Buscaré en el salpicadero algún tipo de herramienta que me pueda servir para apretar estas tuercas. Pero ante todo, reitero, no diré nada a los pasajeros, sólo son 10 minutitos de nada...

Bueno, parece que está "arreglado", vamos a ver si esto marcha...

De momento arranca. Pero sigue sin coger velocidad. Llamaré a la central para avisar del problema. Sin embargo, hablaré claro para ellos pero no lo suficientemente alto para que no me oigan los pasajeros, no quiero preocuparlos.

Tendré que continuar con los 18 Kms que me quedan a una velocidad que hasta un caracol con reúma es capaz de adelantarme... No queda otra...

Madre... y ahora toca subir el puerto, qué largos se harán estos 2 Kms... Creo que adelantaríamos más si abro las puertas y les digo a los pasajeros que salgan y empujen... Anda mira, me está adelantando una cirila...  qué simpática.

Viernes: 19:25 Bueno, 15 minutos más tarde de lo normal. Los pasajeros no saben nada, posiblemente cada uno se haya montado su película sobre lo ocurrido.
Ahora me tocará hacer algunas horas de mecánico...

Y todo indicaba que iba a ser una tarde como otra cualquiera.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Pequeños fragmentos del interior 4

"hay días que te da por revisar documentos y encuentras cosas como ésta":

Son tantas las cosas que no me atreví a decirte, y aún así, ahora, tampoco me atrevería.

Pasa el tiempo y las cosas se olvidan, los sentimientos se deterioran, se pierde el contacto.

Me hubiera gustado decirte, por ejemplo que:
- Todas las sonrisas que esbocé eran para ti, para que las vieras, para animarte.
- Esas cómplices miradas me atravesaban el corazón, haciéndome suspirar.
- Una sonrisa tuya ensombrecía mi tristeza y me obligabas a sonreír.
- Un simple roce contigo era como una bomba para mi corazón.

Comentarte también que:
- Me costaba sostenerte la mirada; el mero hecho de sentir tus ojos clavados en los míos ya me hacía temblar.
- Observaba minuciosamente tus maneras y formas, para no caer en una tentación. 

Tentación en la que, por suerte o desgracia, acabé cayendo.
- Escuchaba todo lo que me decías, me encantaba tu voz. Y me seguirá encantando.
- Reconozco guardar cada uno de los momentos contigo como un tesoro.
- Obviamente, llegué a quererte hasta llorar...

Y por último, confesarte, que lo que hice por ti, no lo hubiera hecho por otra persona en la misma situación. Sin querer te quise, poco a poco, día a día; en silencio, porque aunque mis ojos te lo gritaran, nunca te diste cuenta.

Me tuviste delante. Ahora nos ha separado un muro, y ha sido la incomunicación. Perdí el juego el último día que te dije adiós.