¿Alguna vez te has sentido como un pañuelo de papel, que sólo se acuerdan de ti cuando te necesitan y porque no tienen otra cosa mejor que hacer?
¿Alguna vez has pensado que si no estuvieras nadie te echaría de menos, que sólo estás ocupando un espacio en el mundo que podría ocupar otra persona que se lo merezca más que tú?
Sin más compañía que esa soledad que te acompaña, empañada por las lágrimas derramadas por una tristeza desconsolada, viendo la vida pasar, sin pena ni gloria, día tras día, y sin cambio alguno. Deseando empezar de cero en un nuevo lugar.
La peor decepción es la que te llevas cuando estás ilusionado con algo/alguien y te das cuenta que por muchas cosas bonitas que te haya dicho, no eres tan importante como creías. Sólo quieres llorar, llorar hasta reventar, sin consuelo... porque es un día y otro, y otro, y otro... y has tragado tanto que al final acabas explotando. Y te quedas por los suelos, sin importar una mierda al mundo. Siempre excusada nunca siendo la excusa. Dolor. Sólo sintiendo dolor. Una opresión fuerte en el pecho. Lágrimas. Muchas lágrimas. Desconsuelo. Para nada. Para seguir después llenándote de más mierda. Hasta que tras más negativas vuelves a caer. De arriba a abajo en cero coma. Pero te niegas a abandonar. Abandonar es de cobardes. Y lo intentas cuando las aguas vuelven a su cauce y crees que navegas bien. Pero es sólo un espejismo. Estás arriba. Y vuelves a caer.
Eso es la vida, subidas y bajadas. Subiendo poco y bajando cada vez más. Y dolor. Más dolor que alegrías.
No hay comentarios:
Publicar un comentario