Sí, vuelvo a hablar de las cosas que suceden en el autobús o en lo relativo a ello. Como bien dije en la parte 1, hablaría de más cosas ya que utilizo ese medio de transporte dos veces al día, cinco días a la semana.
Esta segunda parte relata lo que me lleva sucediendo en estos últimos días. Pero primero hay que ponerse en situación para los recién llegados:
Dependiendo de la hora, a veces, el billete del viaje puedes o bien cogerlo en taquilla o bien en el propio autobús. En mi caso, para volver al hogar familiar puedo obtenerlo en la taquilla. En esta taquilla está siempre el mismo chico, un chico joven que alguna que otra vez también ha conducido algún autobús, pero es raro verle en esa situación.
Hace cosa de dos meses, estaba yo impaciente en la cola de la taquilla, con la hora muy cercana para llegar al autobús, esperando a que una señora de edad no muy avanzada terminara de recoger su cambio y saliera de la fila. Cuando tuve la oportunidad de pedir mi billete, este chico, muy amable él, ya lo tenía en la mano. "Como se nota que vengo todos los días, ya sabes hasta a dónde voy" le dije. "Claro, así es" me dijo él.
Yo he seguido utilizando el transporte público y tomando el billete en la misma taquilla con el mismo chico, a distintas horas del día por diversos motivos, pero siempre con el mismo destino.
Hace cosa de tres días, volví a encontrarme en una situación muy similar. Una señora acaparando la taquilla y yo con el dinero en la mano esperando que la señora terminara sus asuntos. Ocurrió lo mismo: él ya tenía mi billete preparado. "Uy que bien, ya me lo tienes preparado" le dije. "es que a las chicas guapas os tengo controladas" contestó sin dejar de sonreir. "Pues mañana vuelvo, guardame entonces también el billete". "Claro guapa". Todo risas. Un momento divertido que comentar.
Al día siguiente, con la rutina igual. Con la hora pillada y mientras saco el dinero según voy llegando, él me ve de lejos y va sacando mi billete y me lo enseña como diciendo "mira lo que tengo..." y tras acercarme a por él, dice: "¿ves como lo sabía?" y le digo, "pues mañana cojo el bus a la misma hora, tenlo preparado". Y con una sonrisa nos despedimos "hasta mañana".
Y claro, llegó el mañana, 19:12 de la tarde, un calor más digno de mayo que de abril, un jersey de punto y una cazadora de cuero, vamos, que iba asada en vida. Debido a una bajada de tensión ese día por la mañana, de camino a la estación de autobuses, dispuse mi mochila con golosinas: gominolas y una piruleta. Cazadora desabrochada, mochila de un asa colgando de mi hombro y la piruleta entro en la estación. Me acerco a mi destino y tres, ¡¡TRES!! señoras bloquean mi paso, haciendo cola en MI taquilla. De reojo miro y él está fijo en mí, yo saco el monedero y rebusco entre las monedas el precio casi exacto del billete. Le miro. Me enseña el billete aunque solo pude fijarme bien en que me estaba sonriendo. "Así, así, muy bien" le digo. La piruleta, buenísima, de naranja. Cuando ya por fin toca mi turno, piruleta en mano consigo decir "como me gusta ser atendida así de bien. Ya el próximo que me tienes que guardar es el del lunes". "Como siempre", me da el cambio y le digo "entonces te veo el lunes". Todo esto sonriendo ambos y yo con la piruleta en mano (es de mala educación hablar con comida en la boca). Fui al baño, también como rutina antes de montar en el bus, que el viaje es largo y la vejiga pequeña. Pues al salir del baño, volví a pasar cerca de la taquilla ya que la vi despejada de gente y ambos nos despedimos con la mano hasta el lunes. Sonrisa en cara, piruleta en mano.
¿Continuará...? Habrá que esperar al lunes.
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