Durante tres años Marco vivió con Clara allá en las montañas. Clara dio a luz a una preciosa niña rubia y se quedó otra vez con el bombo y tuvo un niño más feo que el Fary chupando limones. Clara no trabajaba y Marco lo hacía en el restaurante donde antes curraba Pedro.
A su vez Pedro y Heidi estaban en Barcelona con el hijo de la anterior relación de Pedro y Heidi dio a luz a su primer hijo. Pedro tenía un empleo de mala muerte, se pasaba ocho horas al día probándose supositorios y Heidi era stripper, cobraba el triple que Pedro y su nombre era Nórdica Caliente.
Marco y Clara tenían pensado casarse en el verano y los amigos de Marco decidieron hacerle una
despedida de soltero con pibas en tanga y chocolate y alcohol y drogas y ya que nos ponemos también condones de sabor tutti frutti. Los amigos visitaron un montón de prostíbulos y puticlubs en busca de guarrillas pero ninguna se ofrecía para despedidas de soltero, sin embargo una de las guarrillas les dio una tarjeta con el número de una stripper privada de España. Los amigos la llamaron y ella aceptó.
Llegó el día de la despedida de Marco y los amigos le habían vendado los ojos y lo llevaron a un local que habían alquilado para la ocasión; le sentaron en una silla y le ataron los pies a las patas de dicho objeto, después le quitaron la venda y frente a él se encontraba un paquete enorme envuelto en papel de regalo con un lacito super-mono rojo puta. Los amigos tiraron de los bordes del lacito y la caja se abrió como una flor. Una chica de espaldas a ellos vestida de monja estaba dentro.
- Vaya putada, nos han cholao el regalo -(Gruñón)-
- Es verdad nosotros pedimos una TV de plasma de 88 pulgadas tron -(Amedio)-
- Bueno Marco, tendrás que quedarte con el regalo -(Dormilón)-
- Jo tíos como sois, una stripper, sois más novedosos [sarcasmo puro] -(Marco)-
La "monja" se dio la vuelta y se presentó con el nombre de Nórdica Caliente. Al principio Marco no se dio cuenta de que era Heidi y Heidi estaba tan a lo suyo que ni se percató de que era Marco al que debía hacerle todos los bailes sensuales enseñando carnaza.
Una vez se quedó la "monja" sin hábito se giró y se acercó a Marco y le desabrochó los botones de la camisa con la boca, después ella se sentó en las rodillas de él y untó de cera caliente el pecho peludo de Marco, una vez enfriado tiró de la tira y un grito de Marco resonó en todo el local. Cuando Nórdica Caliente acabó con el pectoral de Marco, le quitó los vaqueros y los calzoncillos de los Lunnis y echó cera en el <lugar sensible a cualquier roce>. Semejante grito pegó Marco que se rompieron los dos cristales de una de las ventanas del local. Los amigos le tiraron un cubo de agua fría por encima y Nórdica Caliente cogió un cubito de hielo y se lo pasó por la zona sensiblona de Marco. Aquello pasó a ser un palo de golf. Entonces Nórdica Caliente le propuso lo del cepillo: él ponía el palo y ella los pelillos. Los amigos de Marco estaban todo grabándolo en DVD para luego colgarlo en internet en el youtube. Nórdica Caliente se folló a Marco hasta que amaneció, estuvieron toda la noche dándole al tema y aún así Marco no quería parar; ella ya no podía más.
- Marco, ya vale -(Nórdica Caliente)-
- Sigamos un poco más. Voy a llegar al orgasmo -(Marco)-
- Llevas diciendo eso 6 horas. Además no querrás llegar tarde a tu boda ¿no? -(Nórdica Caliente)-
- Ostras, es verdad, no quiero que Clara se enfade -(Marco)-
- ¿Tu futura mujer se llama Clara? -(Nórdica Caliente)-
- Sí, pero ojalá fueras tú. Follas como los ángeles. -(Marco)-
- Imbécil. Los ángeles no tienen sexo -(Nórdica Caliente)-
- Debería decirte que chingando eres como una novia que tuve, se llama Heidi -(Marco)-
Nórdica Caliente sacó a Marco levantándose ella de encima de él.
- Mierda -(Nórdica Caliente)-
- ¿Qué pasa? -(Marco)-
- ¿¡Qué qué pasa!? Yo soy Heidi. Pedro se largó conmigo porque tú habías preñao a Clara. -(Heidi)-
- Bueno, entonces, mantengamos esto en secreto. Ha sido el mejor polvo de mi vida; me has dejao sin fuelle y sin soldaditos como para al menos tres meses -(Marco)-
- Pues va a ser que no. Ahora mismo pienso ir a donde cojones esté Clara y se lo voy a contar todo -(Heidi)-
- Adelante, pero yo le contaré a Pedro a lo que te dedicas -(Marco)-
- Mira bonito, Pedro sabe de sobra a lo que me dedico y no le importa. Además soy la que más dinero lleva a casa porque con su sueldo no llega ni pa pipas -(Heidi)-
- Vale, vale, ya me he enterado. ¿Echamos otro polvo? -(Marco)-
- Creí que no ibas a pedirmelo -(Heidi)-
Como consecuencia de este imprevisto, Marco llegó tarde a su boda.
Clara estaba en el altar dando vueltas y más vueltas y despotricando contra el que sería su futuro
marido. La boda se celebraba a las 12:00 y ya eran más de las 12:45. Como una exhalación, Marco entró corriendo y anudándose la corbata como podía mientras pedía disculpas por llegar tarde.
- Siento la tardanza pero me quedé dormido -(Marco)-
- Te quedarías, pero no en casa -(Clara)-
- Cari, recuerda que el novio no debe ver a la novia antes de la boda porque da mala suerte -(Marco)-
- Bueno, pues aprovecha y mírame porque no va a haber boda -(Clara)-
- Pero Clara, yo te amo -(Marco)-
- Y una mierda. Vete con la Nórdica Caliente esa y sigue echando polvos. O debería decir vete con
Heidi -(Clara)-
- ¿Tú te has esnifado algo? -(Marco)-
- No me vengas con cuentos que no valen ni dos mocos. Viniendo a la iglesia me encontré con uno de tus amigos y me dijeron que te dejaron toda la noche en un local, me dio la dirección y me pasé por allí y te vi con esa zorra jodiendo como perros en celo -(Clara)-
- Pero Clara, no fue mi culpa, fueron mis amigos que me tendieron una trampa -(Marco)-
- Marco, lo siento, pero no te aguanto. No puedo soportar más tus mentiras. Tía que se te acercaba, tía a la que te tirabas. -(Clara)-
Clara <escapó desnuda, tirando el vestido a la calva del cura, y escapó del hombre que había hecho de ella una mujer sin nombre. Y en la vicaría, los suegros lloraban, los padres reían> y Marco con las
rodillas hincadas en el suelo, gritó al cielo su nombre. Ella se giró y le mandó a la mierda.
Corrió calle abajo perdiendo los zapatos por el camino, hasta que al torcer la esquina se chocó con
Heidi, cayendo ambas al suelo.
- Perdona, lo siento -(Heidi)-
- Eres tú, zorra -(Clara)-
- Clara. ¿No deberías estar casándote? -(Heidi)-
- Sí, pero me enteré del escarceo que tuvo Marco contigo hará unas cuantas horas y he decidido mandarle a tomar por saco. -(Clara)-
- Clara, perdóname, no sabía que el chico al que debía animar era Marco, han pasado 5 o más años desde que nos vimos por última vez y yo me he hecho unos retoques de estética -(Heidi)-
- ¿Te crees que aún soy esa niña super pija que no se enteraba de nada? -(Clara)-
- No. Sé que has cambiado. Yo he cambiado, Pedro ha cambiado, Marco ha cambiado...-(Heidi)-
- Déjame en paz, debo escapar de aquí, irme a otro lugar, desaparecer. -(Clara)-
- Estas bien, pero antes debo decirte que una vez que averigüé que era Marco quise desaparecer de allí, pero él no me dejó marchar -(Heidi)-
- No me preguntes por qué, pero te creo. -(Clara)-
- Debemos unir nuestras fuerzas para vengarnos de los tíos. Acabo de pasar por casa y me he encontrado a Pedro metido en un trío con otros dos tíos. Necesito una copa de absenta, o mejor dos. -(Heidi)-
- Vayámonos juntas. Seremos como Thelma y Louise pero en versión cutre. -(Clara)-
- Me parece bien, y nos presentaremos a Humor Amarillo -(Heidi)-
Y ambas se marcharon camino a la estación del tren que las llevaría al mismísimo Japón.
Mientras este par de jovenzuelas cachondonas se las piraban. Marco fue a casa de Pedro, el cual le abrió la puerta enseñando sus partes prohibidas pero a la vez excitantemente sexys.
- Uy, Marco, perdona mi imagen pero estaba ocupado -(Pedro)-
- Lo siento, no era mi intención... Estás con Heidi, ¿verdad? -(Marco)-
- Pues la verdad es que estoy con otros dos tíos pero ellos ya se iban. es que en la vida hay que probar de todo. ¿Quieres entrar? -(Pedro)-
- Bueno, Pedro, nosotros ya nos vamos, tenemos cosas que hacer -(Vicky el vikingo)-
- Sí Pedro, además ahora estás mejor acompañado, piraaata -(David el gnomo)-
- Chao, nenes. Mañana a la misma hora. -(Pedro)-
- ¿Puedo pasar? -(Marco)-
- Of course, baby. Pasa, ponte cómodo y emborráchate conmigo de 'amour' -(Pedro)-
- ¿Y el hijo que Clara y tú teníais? -(Marco)-
- En el reformatorio. resultó ser igual que Clara y Heidi decidió mandarlo allí para que lo hicieran un señorito como dios manda -(Pedro)-
- ¿Qué tienes de beber? Necesito un par de copas de lo que sea -(Marco)-
- Tengo... vozka, tengo coñac, tengo absenta, tengo de tó. y si quieres lo mezclamos todo pa pegarnos un buen pelotazo que nos dure tres días; y un Bloody Mary pa pasar la resaca es de vicio. -(Pedro)-
- Echa en un vaso y que no pare -(Marco)-
Estuvieron toda la tarde bebiendo sin parar. A eso de las ocho de la noche ya no sabían donde estaban. Pedro propuso pasar a la habitación para estar más cómodos. Marco aceptó con un gustazo en el cuerpo. Pedro se tiró en plancha encima de la cama y Marco hizo lo mismo segundos después. Pedro estaba boca arriba y Marco cayó justo encima. Se miraron, se buscaron y se besaron. Para Pedro era normal, pero Marco tenía miedo, tenía miedo por si le gustaba el rollito gay. Pedro <le dijo con las manos: cariño, no lo vas a olvidar>. y Marco se dejó llevar por la senda del mariconerismo puro y duro por el culo. Marco se puso a cuatro patas y Pedro le desnudó. Después le untó el culo con vaselina pa que entrara mejor "colmillo de hierro". Se la metió y Marco gritó, pero no de dolor, sino de placer, se sintió 'mujer', lloraba, rajó las sábanas de la cama. Luego Pedro le dijo que ahora le tocaba a él. Pedro se colocó como un perrillo y Marco se untó la mangueraza con la vaselina y Pedro le dijo por dónde la tenía que meter. Acto seguido hicieron el famosísimo 69. A la mañana siguiente se despertaron abrazados. Pedro besó la frente de Marco y éste le devolvió el gesto comiéndole el nabo.
Bloggeando que es gerundio
Pequeñas reflexiones y desahogos
domingo, 26 de febrero de 2017
sábado, 25 de febrero de 2017
¿Qué fue de Marco y Heidi? 2ª parte
Marco y Heidi se quedaron a vivir en España y Clara había subido a las montañas a meditar y recapacitar. Allí se encontró con Pedro, con cara de loco y perturbado. Estaba tramando un plan.
- ¡¡Pedro!! [como Penélope Cruz] -(Clara)-
- ¡Clara! ¿¡cómo tú por aquí!? -(Pedro)-
- Quiero hacerme budista, es la última moda en mi ciudad -(Clara)-
El exuberante escote de Clara tomaba vida propia dentro del top de tirantes. La pobre estaba extasiada después de subir toda aquella montaña y su corazón se le salía del pecho y los pezones se le marcaban como pistachos y con el frío aún más, parecía que se le fuera a rajar la camiseta.
- ¡Qué frío! Tengo los pezones que podía picar hielo con ellos -(Clara)-
- Yo conozco un remedio casero para quitar el frío y el empitonamiento de los pezones -(Pedro)-
- ¿Ah sí? ¿Y cómo es? -(Clara)-
- Se lo hacíamos a las cabras cuando en el invierno no dejaban que sus crías mamasen -(Pedro)-
Pedro le pidió a Clara que se quitara la camiseta. Ella obedeció sensualmente. También le babeó que se desabrochara el sujetador. El pecho de Clara parecía suave y terso. Pedro empezó a lamerle los pezones, ella se metía la mano entre las bragas y palpaba el interior de su maleza. Pedro agarró los pezones de Clara con los dedos índice y pulgar y los frotó; se ponían rojos como las mejillas amanzanadas de Clara; ella emitió un pequeño gritito ahogado por el frío.
Encontraron una cueva y allí Pedro se la trincó hasta lo intrincable. Clara sacó el bote de vaselina y
pringó con la lengua la porra de Pedro. Después Clara se apoyó en la pared con el culo en pompa y Pedro sentado bajo ella le lamía todo lo que podía mientras hacía uso de su mano derecha para
desfogarse. Clara se sentó encima de Pedro y cabalgó como una desbocada. Horas y horas cabalgando, corriendo... tenían tal subidón que uno de los orgasmos de Clara provocó una avalancha. Siguieron jodiendo hasta que se fundió la nieve por la calentura de sus cuerpos.
Salieron de la cueva y se dirigieron a la choza de Pedro; allí se "calentaron" aún más gracias al calor de la chimenea a pilas.
Pedro tuvo que largarse a trabajar. Si llegaba tarde le despedían. Clara quería colaborar y se fue a
ordeñar a las cabras. Se quedó un poco extrañada porque la cabra que ella vio sólo tenía en la ubre una teta (era un carnero, pero eso ella no lo sabía, como la chica es de ciudad…). Estuvo ahí, dale que te pego al manubrio de la "cabra" hasta que consiguió medio cubo de "leche". Cuando Pedro llegó a casa, Clara le sirvió un vaso de "leche".
- ¿La has ordeñado tú? -(Pedro)-
- Sí, aunque me ha costado un montón, apenas salía nada, tuve que utilizar la boca, pero al final he
logrado medio cubo -(Clara)-
- ¿Y de donde has sacado la cabra? -(Pedro)-
- Pues la que tú tenías en el establo -(Clara)-
- ¿¡Qué!? -escupió- ¡Eso no era una cabra, era un carnero! -(Pedro)-
- Oh Dios mío, he masturbado a un carnero, ha sido una agradable experiencia -(Clara)-
- Ahora como castigo vas a hacer conmigo lo mismo que con el carnero y te beberás lo que salga -
(Pedro)-
Clara obedeció con dulzura. Pedro a cuatro patas con su colgajo colgando y la otra dale que te pego con las manos y con la boca y el otro grito tras grito y corrida tras corrida. Nada más acabar, Pedro hirvió el semen y se lo hizo beber a Clara.
- Uh, que rico. ¿Puedo repetir? -(Clara)-
- Mañana, que ahora estoy descargado -(Pedro)-
Mientras todo esto ocurría allá por las montañas de Suiza, en España la relación de Marco y Heidi no pasaba por sus mejores momentos. Marco sospechaba de Heidi porque siempre llegaba tarde del trabajo y sin ganas de ñaca-ñaca; y siempre que podían hacerlo, los soldaditos de Marco justo cuando iban a salir del cuartel, se acojonaban y se quedaban dentro, hecho conocido entre todos como gatillazo.
- Heidi, nuestra vida sexual ya no es como antes -(Marco)-
- Lo he notado -(Heidi)-
- Ya no veo en ti a la perra caliente de antes -(Marco)-
- Marco, creo que deberíamos darnos un descanso -(Heidi)-
- Heidi, ¿lo dices en serio? -(Marco)-
- Sí. Es lo mejor. Me largo a trabajar, después no volveré a pisar aquí hasta que no haya pensado sobre nosotros. Tú deberías hacer lo mismo. -(Heidi)-
Pasó una semana Marco sin saber nada de Heidi, hasta que un día se hartó y se fue a verla al trabajo.
Heidi trabajaba en una oficina; lo único que tenía que hacer era pasarle todas las llamadas al jefe.
Se vistió Marco to trajeao con corbata incluida y un ramo de rosas blancas. Entró en el edificio y le
preguntó a la recepcionista por Heidi. Ella le dijo que su departamento estaba en la planta décima. Por suerte o desgracia el ascensor no funcionaba y le tocó subirse los 10 pisitos a patita.
Cuando Marco llegó al departamento de Heidi allí no había nadie, pero la curiosidad le hizo mirar a
través de las persianas del despacho y se encontró lo que nunca hubiera querido haber presenciado: los cuernacos.
Vio a Heidi con una minifalda agachada cogiendo papeles mientras el jefe la azotaba en todo el
pandero. A más azotes que le daba, ella más se subía la falda, y no llevaba bragas pero se había segado el hoyo. Heidi se puso de rodillas mirando al jefe y con la boca le desabrochó los pantalones que automáticamente se bajaron al suelo junto a los calzoncillos; Heidi empezó a saborear aquel chupachups de nata montada. Marco vio como por una puerta entraba otro tío y empezaba a masturbarse viendo como Heidi se metía el miembro de su jefe por todos los agujeros posibles. El jefe tiró todo lo que tenía encima de la mesa al suelo y Heidi se puso a cuatro patas encima de la mesa, el jefe se la metió por detrás y el otro que se estaba masturbando se la metió por la boca donde se corrió hasta que se le quedó floja pero Heidi, obsesa perdía, quería más y seguía chupando y chupando, y los otros gozando y gozando. Sonó el teléfono, pararon de montárselo y el jefe lo cogió. Rápidamente el otro tío salió por donde entró y Heidi comenzó a vestirse. El jefe colgó y desvistió a Heidi y empezó a pasarle la lengua por todos los rincones eróticos de su cuerpo. Ella se sentó en una silla con las piernas abiertas 180 grados y el jefe se puso de rodillas y comenzó a comerle la almeja.
Marco, con la ira contenida, entró como un rayo en el despacho ante el asombro de Heidi y de su jefe.
- ¡¡PUTA!! -(Marco)- ¡¿Cómo has podido hacerme esto?!
- Puta lo será tu madre, además ya no estamos juntos -(Heidi)-
- ¡Nos estábamos tomando un descanso! ¿No lo recuerdas? -(Marco)-
- Sí. Pero no quiero saber nada de ti -(Heidi)-
- ¡Zorra!, Sabes hacer daño a la gente, recuerda que perdiste conmigo la virginidad en el instituto -
(Marco)-
- ¿Te creíste eso? Antes de montármelo contigo me lo monté con mi perro antes de que él muriera -(Heidi)-
Tras un silencio sepulcral, Marco logró articular:
- En casa todavía hay cosas tuyas, te las dejaré en el jardín para que luego pases a por ellas -(Marco)-
Marco soltó las flores en el suelo y salió a toda mecha del lugar del adulterio.
Heidi pasó por la tarde a buscar sus cosas y encima de una lamparita con forma de tío desnudo cuya bombilla era la "nariz", encontró una nota: <Coge tus cosas y vete; estoy en el acantilado que hay detrás, ya no tengo motivos por los que vivir... Marco>
Heidi soltó la lamparita y se le rompió la "nariz". Fue corriendo al acantilado y se encontró con Marco con los brazos en cruz en el borde.
- ¡¡No lo hagas!! -(Heidi)-
- ¿por qué? -(Marco)-
- Y yo que sé. Es lo que se dice en estos casos -(Heidi)-
- Vete, no quiero que me veas morir -(Marco)-
- No pienso perderme semejante espectáculo. Al final, no te tirarás -(Heidi)-
- Pienso hacerlo -(Marco)-
- Uy, eso lo dijiste cuando te mandé arreglar el tejado y me parece que todavía no has empezado - (Heidi)-
- Para que empezar si tú ya no estás para decirme que lo hago mal -(Marco)-
Heidi le tira de la camiseta, le da media vuelta y le estampa un beso en los morros que quita el sentío.
- Heidi. ¿esto significa que hemos vuelto? -(Marco)-
- Sí. No quiero que sufras por mi culpa. Si tienes que morir que sea a polvos -(Heidi)-
Marco cogió a Heidi y se la llevó directa al catre, donde se mostró más fogosa que nunca:
Antes de empezar Heidi fue un momento a la cocina y volvió con un bote de sirope de chocolate y otro de nata "montada". Ambos en pelota se embadurnaron con el chocolate y la nata y empezaron a revolcarse en la cama, pringándose todo bajo su revoltijo. Después se lamieron el chocolate y la nata pero Marco tuvo que parar, estaba a punto de vomitar; se levantó y fue al baño a potar. Heidi se vistió y le dijo que iba a la farmacia a buscar algo. Pasaron tres meses y no ha vuelto de la farmacia y el inocente de Marco pensó que se había perdido porque la farmacia que estaba de guardia estaba muy lejos, tan lejos como dijo Heidi que estaba.
Marco puso en venta aquella casa y se largó a hacer el camino de Santiago. Una vez hecho siguió
andando a través de España pero en Melilla le confundieron con un asalta vallas y le mandaron en
Range Rover al desierto de Angola. Allí unos empresarios (chicos) americanos le cogieron como
esclavo sexual si quería una vida de lujo en Wall Street. Después de dos años "recogiendo jabones" le abandonaron en Suiza porque encontraron a un chaval más joven.
Una vez allí decidió ir a visitar a Clara y echar un polvo en condiciones. Al llegar, el mayordomo le dijo que Clara se encontraba con Pedro en lo alto de las montañas. Y allí fue donde se dirigió Marco.
Llamó a la puerta y un niño de 5 años abrió la puerta y detrás del niño estaba la madre: Clara.
- ¡Marco!, ¡Cuánto tiempo! ¿Vienes solo? ¿Y Heidi? Ay, pasa, pasa -(Clara)-
- Coño Marco. Hijo vete a jugar con el perro -(Pedro)-
- Hola, es que Heidi me ha dejado, unos gays me han follado y me han abandonado en este país -
(Marco)-
- ¡Qué bien vives! Ya le dije yo a Pedro que Heidi era mala hierba -(Clara)-
- Puedes quedarte aquí hasta que encuentres un sitio donde vivir -(Pedro)-
Dicho y hecho, Marco se quedó allí un tiempo y se puso a trabajar y colaboró en los pagos de la
hipoteca del chabolo donde vivían él, Clara, Pedro y el hijo de ambos. Un día a Pedro le salió un viaje de negocios fuera del país durante una semana y decidió llevarse al crío, dejando a Clara y a Marco al
cuidado de la casa. Esa misma noche durmieron juntos. La culpa fue del frío glaciar que por aquella
época recorría las montañas y, claro, necesitaban calor humano.
Ella se tumbó boca arriba en la paja y él le hizo un striptease. Clara le metía billetes de 500 euracos falsos con la boca en los gayumbos. Después ella le arrancó los calzones con la boca y comprobó la temperatura de su cuerpo introduciéndose el termómetro de Marco en la boca hasta que el pitido le avisó de que estaba a punto de estallar y no quería que se rompiera dentro. Después de tres polvos, ambos se quedaron dormidos acurrucados.
Mientras todo esto pasaba allá a lo lejos en las montañas; en el avión Pedro se encontró con Heidi y aprovechó que su hijo estaba dormido para mantener una conversación con Heidi.
- Tu niño es muy mono, se parece a ti. Tenéis la misma cara de ceporro -(Heidi)-
- Todo el mundo dice lo mismo -(Pedro)-
- ¿Qué tal está Clara? -(Heidi)-
- Bien, Marco está en casa -(Pedro)-
- ¿Se han quedado los dos solos? -(Heidi)-
- Sí. -(Pedro)-
- Tenía una ligera impresión al verte los cuernos del pelo -(Heidi)-
- Será zorra -(Pedro)-
- Será mejor que te divorcies de ella -(Heidi)-
- O puedo pagarla con la misma moneda, ¿vamos al aseo? -(Pedro)-
- ¿Qué tal duerme tu niño? -(Heidi)-
- 8 horas de un tirón. Y lleva 4. -(Pedro)-
Se metieron en el estrecho aseo del avión. Bajaron la tapa del inodoro y Pedro se sentó en ella con los pantalones y los calzoncillos por debajo de las rodillas. Heidi también se quitó los pantalones y las bragas y se sentó encima de Pedro, el cual entró en Heidi. Heidi botó y botó encima de Pedro y ahogó sus gritos con una bola de papel higiénico en la boca. Heidi se sacó a Pedro y con una pastilla de jabón, llenó de espuma la escopeta de Pedro que escupía balas blancas a una gran velocidad hacia la boca de Heidi con una certera puntería. Pero en lo más divertido de su dulce adulterio, alguien llamó a la puerta del aseo:
- Papi, ¿estás ahí? -(Hijo de Pedro)-
-Sí. Enseguida salgo -(Pedro)-
Pedro salió y al minuto salió Heidi como si no hubiera pasado nada. Al llegar al aeropuerto cada uno tomó su camino y no se volvieron a ver.
Pedro volvió con su hijo a casa seis meses más tarde. Cuando llegó se encontró con Clara con un vientre abultado y Marco sobándole la tripa. Pedro mandó a su hijo a comprar pan
- Clara, ¿Cómo has podido? -(Pedro)-
- Pedro, ha sido un desliz -(Clara)-
- Ahora me vas a decir que la poya de Marco se metió por accidente en tu chocho caliente. Vamos no me jodas -(Pedro)-
- Pedro no te sulfures -(Marco)-
- Contigo quería hablar. He estado con Heidi -(Pedro)-
- ¿En serio? ¿Qué tal está? -(Marco)-
- Más caliente que antes. Es una fiera. Me la tiré en el avión. Folla que te cagas. Mejor que antes -
(Pedro)-
- Eres un puto cabrón -(Marco)-
- Cáscaras, ¿Y tú no? Tú eres un santo, ¿verdad? Seguro que cuando yo me tiré a Heidi tú ya le habías rellenado el horno a Clara, ¿me equivoco? -(Pedro)-
- Pedro, déjalo ya -(Clara)-
- Tú cierra el pico, puta. ¿Cuánto le has cobrado para que te follara? -(Pedro)-
- ¡¡A ti qué te importa!! -(Marco)-
- ¿Te lo ha hecho gratis? -(Pedro)-
- Marco ha sido lo mejor que me ha pasado en mi vida -(Clara)-
- Está bien. Me llevo al niño, al fin y al cabo tú ya tienes otro en camino. Me largo. Le daré recuerdos a Heidi de tu parte Marco cuando me la esté tirando hasta que se quede afónica -(Pedro)-
Pedro se marchó de allí con el pequeño y pilló un bus hasta el aeropuerto donde cogería un vuelo que le llevaría hasta Barcelona donde le esperaba Heidi con las piernas abiertas de par en par.
...continurará
- ¡¡Pedro!! [como Penélope Cruz] -(Clara)-
- ¡Clara! ¿¡cómo tú por aquí!? -(Pedro)-
- Quiero hacerme budista, es la última moda en mi ciudad -(Clara)-
El exuberante escote de Clara tomaba vida propia dentro del top de tirantes. La pobre estaba extasiada después de subir toda aquella montaña y su corazón se le salía del pecho y los pezones se le marcaban como pistachos y con el frío aún más, parecía que se le fuera a rajar la camiseta.
- ¡Qué frío! Tengo los pezones que podía picar hielo con ellos -(Clara)-
- Yo conozco un remedio casero para quitar el frío y el empitonamiento de los pezones -(Pedro)-
- ¿Ah sí? ¿Y cómo es? -(Clara)-
- Se lo hacíamos a las cabras cuando en el invierno no dejaban que sus crías mamasen -(Pedro)-
Pedro le pidió a Clara que se quitara la camiseta. Ella obedeció sensualmente. También le babeó que se desabrochara el sujetador. El pecho de Clara parecía suave y terso. Pedro empezó a lamerle los pezones, ella se metía la mano entre las bragas y palpaba el interior de su maleza. Pedro agarró los pezones de Clara con los dedos índice y pulgar y los frotó; se ponían rojos como las mejillas amanzanadas de Clara; ella emitió un pequeño gritito ahogado por el frío.
Encontraron una cueva y allí Pedro se la trincó hasta lo intrincable. Clara sacó el bote de vaselina y
pringó con la lengua la porra de Pedro. Después Clara se apoyó en la pared con el culo en pompa y Pedro sentado bajo ella le lamía todo lo que podía mientras hacía uso de su mano derecha para
desfogarse. Clara se sentó encima de Pedro y cabalgó como una desbocada. Horas y horas cabalgando, corriendo... tenían tal subidón que uno de los orgasmos de Clara provocó una avalancha. Siguieron jodiendo hasta que se fundió la nieve por la calentura de sus cuerpos.
Salieron de la cueva y se dirigieron a la choza de Pedro; allí se "calentaron" aún más gracias al calor de la chimenea a pilas.
Pedro tuvo que largarse a trabajar. Si llegaba tarde le despedían. Clara quería colaborar y se fue a
ordeñar a las cabras. Se quedó un poco extrañada porque la cabra que ella vio sólo tenía en la ubre una teta (era un carnero, pero eso ella no lo sabía, como la chica es de ciudad…). Estuvo ahí, dale que te pego al manubrio de la "cabra" hasta que consiguió medio cubo de "leche". Cuando Pedro llegó a casa, Clara le sirvió un vaso de "leche".
- ¿La has ordeñado tú? -(Pedro)-
- Sí, aunque me ha costado un montón, apenas salía nada, tuve que utilizar la boca, pero al final he
logrado medio cubo -(Clara)-
- ¿Y de donde has sacado la cabra? -(Pedro)-
- Pues la que tú tenías en el establo -(Clara)-
- ¿¡Qué!? -escupió- ¡Eso no era una cabra, era un carnero! -(Pedro)-
- Oh Dios mío, he masturbado a un carnero, ha sido una agradable experiencia -(Clara)-
- Ahora como castigo vas a hacer conmigo lo mismo que con el carnero y te beberás lo que salga -
(Pedro)-
Clara obedeció con dulzura. Pedro a cuatro patas con su colgajo colgando y la otra dale que te pego con las manos y con la boca y el otro grito tras grito y corrida tras corrida. Nada más acabar, Pedro hirvió el semen y se lo hizo beber a Clara.
- Uh, que rico. ¿Puedo repetir? -(Clara)-
- Mañana, que ahora estoy descargado -(Pedro)-
Mientras todo esto ocurría allá por las montañas de Suiza, en España la relación de Marco y Heidi no pasaba por sus mejores momentos. Marco sospechaba de Heidi porque siempre llegaba tarde del trabajo y sin ganas de ñaca-ñaca; y siempre que podían hacerlo, los soldaditos de Marco justo cuando iban a salir del cuartel, se acojonaban y se quedaban dentro, hecho conocido entre todos como gatillazo.
- Heidi, nuestra vida sexual ya no es como antes -(Marco)-
- Lo he notado -(Heidi)-
- Ya no veo en ti a la perra caliente de antes -(Marco)-
- Marco, creo que deberíamos darnos un descanso -(Heidi)-
- Heidi, ¿lo dices en serio? -(Marco)-
- Sí. Es lo mejor. Me largo a trabajar, después no volveré a pisar aquí hasta que no haya pensado sobre nosotros. Tú deberías hacer lo mismo. -(Heidi)-
Pasó una semana Marco sin saber nada de Heidi, hasta que un día se hartó y se fue a verla al trabajo.
Heidi trabajaba en una oficina; lo único que tenía que hacer era pasarle todas las llamadas al jefe.
Se vistió Marco to trajeao con corbata incluida y un ramo de rosas blancas. Entró en el edificio y le
preguntó a la recepcionista por Heidi. Ella le dijo que su departamento estaba en la planta décima. Por suerte o desgracia el ascensor no funcionaba y le tocó subirse los 10 pisitos a patita.
Cuando Marco llegó al departamento de Heidi allí no había nadie, pero la curiosidad le hizo mirar a
través de las persianas del despacho y se encontró lo que nunca hubiera querido haber presenciado: los cuernacos.
Vio a Heidi con una minifalda agachada cogiendo papeles mientras el jefe la azotaba en todo el
pandero. A más azotes que le daba, ella más se subía la falda, y no llevaba bragas pero se había segado el hoyo. Heidi se puso de rodillas mirando al jefe y con la boca le desabrochó los pantalones que automáticamente se bajaron al suelo junto a los calzoncillos; Heidi empezó a saborear aquel chupachups de nata montada. Marco vio como por una puerta entraba otro tío y empezaba a masturbarse viendo como Heidi se metía el miembro de su jefe por todos los agujeros posibles. El jefe tiró todo lo que tenía encima de la mesa al suelo y Heidi se puso a cuatro patas encima de la mesa, el jefe se la metió por detrás y el otro que se estaba masturbando se la metió por la boca donde se corrió hasta que se le quedó floja pero Heidi, obsesa perdía, quería más y seguía chupando y chupando, y los otros gozando y gozando. Sonó el teléfono, pararon de montárselo y el jefe lo cogió. Rápidamente el otro tío salió por donde entró y Heidi comenzó a vestirse. El jefe colgó y desvistió a Heidi y empezó a pasarle la lengua por todos los rincones eróticos de su cuerpo. Ella se sentó en una silla con las piernas abiertas 180 grados y el jefe se puso de rodillas y comenzó a comerle la almeja.
Marco, con la ira contenida, entró como un rayo en el despacho ante el asombro de Heidi y de su jefe.
- ¡¡PUTA!! -(Marco)- ¡¿Cómo has podido hacerme esto?!
- Puta lo será tu madre, además ya no estamos juntos -(Heidi)-
- ¡Nos estábamos tomando un descanso! ¿No lo recuerdas? -(Marco)-
- Sí. Pero no quiero saber nada de ti -(Heidi)-
- ¡Zorra!, Sabes hacer daño a la gente, recuerda que perdiste conmigo la virginidad en el instituto -
(Marco)-
- ¿Te creíste eso? Antes de montármelo contigo me lo monté con mi perro antes de que él muriera -(Heidi)-
Tras un silencio sepulcral, Marco logró articular:
- En casa todavía hay cosas tuyas, te las dejaré en el jardín para que luego pases a por ellas -(Marco)-
Marco soltó las flores en el suelo y salió a toda mecha del lugar del adulterio.
Heidi pasó por la tarde a buscar sus cosas y encima de una lamparita con forma de tío desnudo cuya bombilla era la "nariz", encontró una nota: <Coge tus cosas y vete; estoy en el acantilado que hay detrás, ya no tengo motivos por los que vivir... Marco>
Heidi soltó la lamparita y se le rompió la "nariz". Fue corriendo al acantilado y se encontró con Marco con los brazos en cruz en el borde.
- ¡¡No lo hagas!! -(Heidi)-
- ¿por qué? -(Marco)-
- Y yo que sé. Es lo que se dice en estos casos -(Heidi)-
- Vete, no quiero que me veas morir -(Marco)-
- No pienso perderme semejante espectáculo. Al final, no te tirarás -(Heidi)-
- Pienso hacerlo -(Marco)-
- Uy, eso lo dijiste cuando te mandé arreglar el tejado y me parece que todavía no has empezado - (Heidi)-
- Para que empezar si tú ya no estás para decirme que lo hago mal -(Marco)-
Heidi le tira de la camiseta, le da media vuelta y le estampa un beso en los morros que quita el sentío.
- Heidi. ¿esto significa que hemos vuelto? -(Marco)-
- Sí. No quiero que sufras por mi culpa. Si tienes que morir que sea a polvos -(Heidi)-
Marco cogió a Heidi y se la llevó directa al catre, donde se mostró más fogosa que nunca:
Antes de empezar Heidi fue un momento a la cocina y volvió con un bote de sirope de chocolate y otro de nata "montada". Ambos en pelota se embadurnaron con el chocolate y la nata y empezaron a revolcarse en la cama, pringándose todo bajo su revoltijo. Después se lamieron el chocolate y la nata pero Marco tuvo que parar, estaba a punto de vomitar; se levantó y fue al baño a potar. Heidi se vistió y le dijo que iba a la farmacia a buscar algo. Pasaron tres meses y no ha vuelto de la farmacia y el inocente de Marco pensó que se había perdido porque la farmacia que estaba de guardia estaba muy lejos, tan lejos como dijo Heidi que estaba.
Marco puso en venta aquella casa y se largó a hacer el camino de Santiago. Una vez hecho siguió
andando a través de España pero en Melilla le confundieron con un asalta vallas y le mandaron en
Range Rover al desierto de Angola. Allí unos empresarios (chicos) americanos le cogieron como
esclavo sexual si quería una vida de lujo en Wall Street. Después de dos años "recogiendo jabones" le abandonaron en Suiza porque encontraron a un chaval más joven.
Una vez allí decidió ir a visitar a Clara y echar un polvo en condiciones. Al llegar, el mayordomo le dijo que Clara se encontraba con Pedro en lo alto de las montañas. Y allí fue donde se dirigió Marco.
Llamó a la puerta y un niño de 5 años abrió la puerta y detrás del niño estaba la madre: Clara.
- ¡Marco!, ¡Cuánto tiempo! ¿Vienes solo? ¿Y Heidi? Ay, pasa, pasa -(Clara)-
- Coño Marco. Hijo vete a jugar con el perro -(Pedro)-
- Hola, es que Heidi me ha dejado, unos gays me han follado y me han abandonado en este país -
(Marco)-
- ¡Qué bien vives! Ya le dije yo a Pedro que Heidi era mala hierba -(Clara)-
- Puedes quedarte aquí hasta que encuentres un sitio donde vivir -(Pedro)-
Dicho y hecho, Marco se quedó allí un tiempo y se puso a trabajar y colaboró en los pagos de la
hipoteca del chabolo donde vivían él, Clara, Pedro y el hijo de ambos. Un día a Pedro le salió un viaje de negocios fuera del país durante una semana y decidió llevarse al crío, dejando a Clara y a Marco al
cuidado de la casa. Esa misma noche durmieron juntos. La culpa fue del frío glaciar que por aquella
época recorría las montañas y, claro, necesitaban calor humano.
Ella se tumbó boca arriba en la paja y él le hizo un striptease. Clara le metía billetes de 500 euracos falsos con la boca en los gayumbos. Después ella le arrancó los calzones con la boca y comprobó la temperatura de su cuerpo introduciéndose el termómetro de Marco en la boca hasta que el pitido le avisó de que estaba a punto de estallar y no quería que se rompiera dentro. Después de tres polvos, ambos se quedaron dormidos acurrucados.
Mientras todo esto pasaba allá a lo lejos en las montañas; en el avión Pedro se encontró con Heidi y aprovechó que su hijo estaba dormido para mantener una conversación con Heidi.
- Tu niño es muy mono, se parece a ti. Tenéis la misma cara de ceporro -(Heidi)-
- Todo el mundo dice lo mismo -(Pedro)-
- ¿Qué tal está Clara? -(Heidi)-
- Bien, Marco está en casa -(Pedro)-
- ¿Se han quedado los dos solos? -(Heidi)-
- Sí. -(Pedro)-
- Tenía una ligera impresión al verte los cuernos del pelo -(Heidi)-
- Será zorra -(Pedro)-
- Será mejor que te divorcies de ella -(Heidi)-
- O puedo pagarla con la misma moneda, ¿vamos al aseo? -(Pedro)-
- ¿Qué tal duerme tu niño? -(Heidi)-
- 8 horas de un tirón. Y lleva 4. -(Pedro)-
Se metieron en el estrecho aseo del avión. Bajaron la tapa del inodoro y Pedro se sentó en ella con los pantalones y los calzoncillos por debajo de las rodillas. Heidi también se quitó los pantalones y las bragas y se sentó encima de Pedro, el cual entró en Heidi. Heidi botó y botó encima de Pedro y ahogó sus gritos con una bola de papel higiénico en la boca. Heidi se sacó a Pedro y con una pastilla de jabón, llenó de espuma la escopeta de Pedro que escupía balas blancas a una gran velocidad hacia la boca de Heidi con una certera puntería. Pero en lo más divertido de su dulce adulterio, alguien llamó a la puerta del aseo:
- Papi, ¿estás ahí? -(Hijo de Pedro)-
-Sí. Enseguida salgo -(Pedro)-
Pedro salió y al minuto salió Heidi como si no hubiera pasado nada. Al llegar al aeropuerto cada uno tomó su camino y no se volvieron a ver.
Pedro volvió con su hijo a casa seis meses más tarde. Cuando llegó se encontró con Clara con un vientre abultado y Marco sobándole la tripa. Pedro mandó a su hijo a comprar pan
- Clara, ¿Cómo has podido? -(Pedro)-
- Pedro, ha sido un desliz -(Clara)-
- Ahora me vas a decir que la poya de Marco se metió por accidente en tu chocho caliente. Vamos no me jodas -(Pedro)-
- Pedro no te sulfures -(Marco)-
- Contigo quería hablar. He estado con Heidi -(Pedro)-
- ¿En serio? ¿Qué tal está? -(Marco)-
- Más caliente que antes. Es una fiera. Me la tiré en el avión. Folla que te cagas. Mejor que antes -
(Pedro)-
- Eres un puto cabrón -(Marco)-
- Cáscaras, ¿Y tú no? Tú eres un santo, ¿verdad? Seguro que cuando yo me tiré a Heidi tú ya le habías rellenado el horno a Clara, ¿me equivoco? -(Pedro)-
- Pedro, déjalo ya -(Clara)-
- Tú cierra el pico, puta. ¿Cuánto le has cobrado para que te follara? -(Pedro)-
- ¡¡A ti qué te importa!! -(Marco)-
- ¿Te lo ha hecho gratis? -(Pedro)-
- Marco ha sido lo mejor que me ha pasado en mi vida -(Clara)-
- Está bien. Me llevo al niño, al fin y al cabo tú ya tienes otro en camino. Me largo. Le daré recuerdos a Heidi de tu parte Marco cuando me la esté tirando hasta que se quede afónica -(Pedro)-
Pedro se marchó de allí con el pequeño y pilló un bus hasta el aeropuerto donde cogería un vuelo que le llevaría hasta Barcelona donde le esperaba Heidi con las piernas abiertas de par en par.
...continurará
miércoles, 22 de febrero de 2017
¿Qué fue de Heidi Y Marco?
La gran mayoría sabe que Heidi se quedó con su abuelo en las altas montañas con Pedro y Clara regresó a su ciudad natal con la ogra esa. Y Marco encontró a su mamá y a su papá y volvieron a Italia. Pero, después de tantos años, ¿qué ha sido de ellos?
El padre de Marco había ganado los Euromillones italianos y mandaron al chaval a estudiar a América. Con 15 años, Marco emprendió un nuevo viaje, pero tuvo suerte porque pudo pagarlo y no estuvo por ahí mendigando como un pordiosero nauseabundo. Marco estaba cagaíto de miedo cuando llegó a América, lugar donde a partir de ese día debía quedarse a estudiar y vivir. Pilló un autobús y se fue directo a la facultad de ciencias absurdas. Allí conoció a una dulce chica de Suiza con el pelo negro y largo. Apenas podían comunicarse entre ellos, él hablaba italiano y ella, suizo y lo que sabían de inglés no les era suficiente; por eso, el primer año se esforzaron al máximo en el idioma, y al cabo de siete meses pudieron entenderse mientras hablaban.
- ¡¡Que passssa Marco!! -(Heidi)-
- ¡¡Esa Heidi!! Oye, aún no me has contado nada de tu puñetera vida. -(Marco)-
- Vivía en Suiza con mi abuelo aunque estuve un tiempo en casa de una pija remilgada en silla de ruedas que, por arte de magia, empezó a andar y vivía con una institutriz estirada con nombre de perro rabioso. Tú tampoco me has contado nada de tu pestulenta vida. -(Heidi)-
- Mi madre se piró y me quedé sólo pero me marché a buscarla y me recorrí medio mundo acompañado de un mono blanco. -(Marco)-
El curso acabó y ambos regresaron a su lugar de origen. Se dieron sus direcciones y se escribían a menudo. En una carta, Heidi le decía a Marco:
"Querido Marco. El golferas de mi abuelo se ha traído una tiparraca a casa y quieren estar solos, por eso me ha mandado de nuevo donde la pija y la institutriz. Me gustaría que te vinieses, no soporto lo 'super-mega-guay' que se ha vuelto la 'Mariflagüer'. Dentro del sobre habrás visto otro papel: es la dirección de donde ahora estoy. Espero que vengas, me haces mucha falta"
Marco pilló las maletas, las llenó de ropa y condones, muchos condones, y se largó al aeropuerto a coger un avión que fuera directo a Suiza. El viaje duró tres horas y otras dos más desde el aeropuerto hasta la Mansión de la pija.
Pulsó el timbre, a los cinco segundos, un mayordomo abrió la puerta.
- ¿Qué desea? -(Mayordomo)-
- Ejem, hola, soy un amigo de Heidi, ella me ha invitado. -(Marco)-
- Oh, entonces usted es el señorito Marco, pase, le estábamos esperando, en especial Adelaida. -(Mayordomo)-
- ¿Adelaida? -(pensó Marco)- Debe ser la pija.
Entró, el mayordomo llevó sus maletas al cuarto de invitados. Marco se quedó allí, en el centro del hall, sin saber que hacer. De un hueco apareció una Heidi realmente cambiada: no llevaba su melena ondeando al viento, llevaba un recogido con varios mechones rizados sueltos. Tampoco llevaba sus vaqueros rotos y sus camisetas chulas, iba con un vestidito de seda rusa rosa.
- Siento que me veas así. Ordenes de la institutriz. Ven, te presentaré a la pija. -(Heidi)-
- ¿Se llama Adelaida? -(Marco)-
- No, se llama Clara, Adelaida soy yo, Heidi pa la peña. -(Heidi)-
- Heidi, ¿no nos presentas? -(Clara)-
- Oh, claro. Marco, Clara, Clara, Marco -(Heidi)-
- Encantado señorita -(Marco)-
- Que amable -(Clara)- Ven, te enseñaré mi super cuarto.
Ambos subieron las enormes escaleras, Heidi se marchó al aseo. Estuvo un tiempo mirándose al espejo. Se agachó y se lavó la cara, el maquillaje rosa pastel recorría su cara. Se alisó el pelo y se cambió de ropa; estaba hasta las narices de su cara de niñata repelente.
Clara se tumbó pervertidamente en la cama de forma redonda y Marco se quedó mirando el espejo que Clara tenía colgado del techo.
- ¿Para qué tienes el espejo en el techo? -(Marco)-
- Para ver las guarradas que hago por la noche -(Clara)-
- ¿Tú sola? -(Marco)-
- Sí, pero ahora que tú has venido, las haremos juntos -(Clara)-
Marco se sentó en la cama.
- ¿Por qué tu cama es redonda? -(Marco)-
- Es más divertida -(Clara)-
Clara se sentó en los muslos de Marco frente a él. La, ya de por sí, abultada entrepierna de Marco, siguió su crecimiento adolescente bestialmente. Clara puso allí su mano mientras su boca se acercaba lentamente a la boca de Marco. Se besaron. Los dientes perfectamente blancos de Clara mordieron los labios carnosos de Marco. Clara se desabrochó la blusa y Marco se sacó a lo bestia la camiseta. Marcó metió la lengua entre los prominentes pechos de Clara y ella suspiró de gusto con la cabeza ligeramente hacia atrás.
Marco se tumbó en la cama y Clara le bajó la cremallera de los pantalones con la boca. En lo que Clara se quitaba la falda, Marco se puso un capuchón en el miembro. Cogió a Clara de la cintura y la tiró en la cama y de un solo golpe hizo par en el hoyo ocho.
Mientras todo esto ocurría Heidi se encontraba tomando un pequeño aperitivo en la cocina. Un chillido de Clara retumbó en sus oídos y Heidi subió corriendo las escaleras que llevaban al cuarto de Clara, abrió la puerta y se encontró a ese par de especimenes en plena desahogación.
- Dios mío -(Heidi)-
- Oh, mierda, Heidi, puedo explicártelo -(Marco)-
- ¿te importaría marcharte? Estamos ocupados -(Clara)-
Heidi se marchó llorando dejando la puerta totalmente abierta.
Marco salió de Clara, se vistió deprisa y salió de la habitación en busca de la atormentada Heidi. Se encontraron en el garaje; Heidi estaba esperando a que la puerta se abriera y pudiera salir con la moto y desaparecer. Marco se colocó delante de ella, pero ésta no dudo en acelerar para que él se apartara; Marco negó con la cabeza.
- Aparta de la puerta -(Heidi)-
- Heidi, escúchame -(Marco)-
Heidi aceleró al máximo y, bordeando a Marco, salió en dirección a las montañas. Marco se quedó allí, hincó las rodillas en el suelo y se echó a llorar.
Heidi tardó toda la tarde y parte de la noche en llegar a la casa de su abuelo donde también vivía Pedro ya que el abuelo estaba senil y chocheaba.
Heidi llamó a la puerta y fue Pedro el que la abrió.
- Heidi, que alegría verte -(Pedro)-
- Hola, ¿y mi abuelo? -(Heidi)-
- Peor de lo que estaba, la golfilla que se pilló estaba enferma y la dao los viruses a tu abuelo; esta mañana vino el doctor y dijo que le quedaba poco. -(Pedro)-
- ¿Cómo no me lo has dicho? -(Heidi)-
- Ahora salía a llevar una carta para que te la entregaran lo antes posible; pero, no te quedes ahí, ésta es tu casa, entra. -(Pedro)-
Heidi entró, miró la casa de arriba a abajo, no era como la recordaba. Pasó a la habitación de su abuelo.
- Abuelo, mire quien ha venido -(Pedro)-
- Abuelito, dime tú porqué enfermito estás...-(Heidi)-
- ¿Heidi?¿Eres tú? Oh, mi pequeña niña -(Abuelo)-
- He venido para quedarme, no me marcharé -(Heidi)-
- Heidi, sé que estoy muy mal aunque Pedro y el doctor me lo oculten, me alegro de verte; no quería morirme sin volver a ver a la niña de mis ojos. -(Abuelo)-
- Abuelo, no te vas a morir -(Pedro)-
- Es verdad, aún tienes que conocer mucho mundo y algún biznieto -(Heidi)-
- Heidi, Pedro, no desperdicieis vuestra vida como lo hice yo. Me arrepiento mucho de haber sido como soy. -(Abuelo)-
- Te quiero tal y como eres -(Heidi)-
- Sólo lo dices para animarme y, por eso, gracias. Estoy cansado, quiero dormir. -(Abuelo)-
El abuelo cerró los ojos y Pedro y Heidi salieron de la habitación y un escalofrío recorrió el cuerpo de ambos; no dudaron en entrar de nuevo. Lo que más temían, había pasado: el abuelo había muerto.
Tres días después lo enterraron al pie de la colina.
Pedro y Heidi restauraron la casa. Una vez acabada, Pedro sabía que debería marcharse, ésa no era su casa.
- Bueno Heidi, nos ha quedado bien ¿eh? -(Pedro)-
- Sí. Aunque no me gustaría vivir aquí yo sola -(Heidi)-
- Pues, va a ser que me voy, yo aquí no pinto nada -(Pedro)-
- Quédate conmigo. -(Heidi)-
Heidi cogió a Pedro de la mano y se lo llevó al cuarto. Una vez allí lo tiró en la cama y lo besó apasionadamente. Heidi se fue al cuarto de baño y mientras Pedro se fue desnudando hasta que se quedó sin ropa alguna; cuando Heidi entró de nuevo con un vestido transparente de lino en el cuarto, Pedro estaba sentado en la cama más tieso que una cerilla. Heidi se sentó sobre su virilidad y Pedro le sacó el camisón por la cabeza; ella comenzó a moverse en un vaivén coordinado con las respiraciones de ambos. Sus cuerpos sudorosos se agitaban más fuerte, y los gemidos se desbocaban. Pedro puso sus pulgares sobre los pezones de Heidi y ésta jugaba a la zambomba con el manubrio de Pedro y el agujero escondido de su cuerpo. Ambos gozaron toda la noche y Heidi se durmió encima de Pedro. Al despertarse se metieron juntos en la ducha.
Pedro trabajaba de camarero en el único restaurante del pueblo y ganaba mucho dinero. Heidi se empleó en la panadería que había al lado de la iglesia.
Un día de frío invierno, entraron en la panadería una pareja con la esperanza de poder comprarse una barra de pan para saciar su hambre.
- Buenas, ¿qué desean? -(Heidi)-
- ¿Heidi? -(Clara)- Soy yo, Clara.
- Ah, tú -(Heidi)- Si no quieres nada, por favor salga del establecimiento.
- Queremos algo de pan -(Marco)-
- Sí. Un par de barras. -(Clara)-
- Aquí tenéis. Son 22 euros -(Heidi)-
- Joder, que carera. -(Marco)-
- Ésta es la única panadería de la zona -(Heidi)- Y si son tan amables, por favor, váyanse a la mierda.
Marco y Clara salieron de la panadería en el mismo instante en que Pedro entraba.
- ¡Pedro! Soy yo, Clara -(Clara)-
- Anda. Cuánto tiempo. ¿Qué haces aquí? -(Pedro)-
- He venido con Marco a pasar unos días -(Clara)-
Se quedaron Marco y Heidi solos en la panadería. Clara y Pedro seguían hablando fuera. Estaban en silencio. Marco pensaba que Heidi estaba muy sexy con las mejillas y el pelo manchados de harina y levadura. Heidi se quitó el mandil y unos prominentes pechos cobraban vida debajo de una fina camiseta de con un escote de vértigo. A Marco se le hacía la boca agua. Heidi salió de detrás del
mostrador y se sentó encima de él. De la minifalda salían dos largas piernas que Marco no pudo evitar ver, se le iban los ojos a las carnes de Heidi.
- ¿Se puede saber que coño estás mirando? -(Heidi)-
Marco miró a la puerta, vio a Clara y a Pedro dirigirse al restaurante donde éste trabajaba.
- Vayamos al restaurante -(Clara)-
- ¿Y Heidi y Marco? -(Pedro)-
- Déjalos. Necesitan hablar para aclarar unas cosas. Que se queden solos es lo mejor -(Clara)-
Heidi, cansada, volvió a preguntarle a Marco.
- ¿Se puede saber que coño estás mirando? -(Heidi)-
- El tuyo. Gracias a que tus piernas están un poco abiertas puedo ver tus bragas desde esta perspectiva.
-(Marco)-
- Puto salido de los huevos. -(Heidi)-
- ¿Te estás poniendo cachonda? -(Marco)-
- Me estoy poniendo enferma viéndote aquí -(Heidi)-
- Umm. ese aire de borde me pone a tono... -(Marco)-
- Allí atrás hay un baño. Desahógate. -(Heidi)-
- No quiero hacerlo solo -(Marco)-
- ¿Ya te duelen las muñecas? ¿Tanto matas tu soledad? ¿Es que Clara ya no te sirve? -(Heidi)-
- No sabe tanto como tú -(Marco)-
- ¿Te largas o te largo a hostias? -(Heidi)-
Marco se acercó a ella. Cogió las piernas de Heidi y se las puso por la cintura; ella no opuso resistencia alguna, al contrario, ella lo deseaba tanto como él. Marco la besó el ombligo. Ella bajó de la mesa.
Estaban frente a frente, aliento contra aliento, hombre contra mujer; Heidi enredó sus dedos en los
pelos de la nuca de Marco y se besaron apasionadamente. Marco tiró todo lo que había encima del
mostrador al suelo; se echaron encima de él. Se quitaron la ropa lo más deprisa que pudieron. Heidi cogió una mano de Marco y se la puso en una teta suya, luego cogió la otra mano y se la llevó a lo más profundo de su cuerpo desnudo. Marco le metió los dedos y empezó a investigar a oscuras...Heidi gemía como una perraca en celo. Marco sacó los dedos y se los metió en la boca, después su gusanito fue poco a poco encontrando el camino al bosque y ahí fue cuando Heidi tuvo un orgasmo. Él puesto encima era el que llevaba el compás al ritmo de las respiraciones acompasadas. Por desgracia el móvil de Heidi sonó. Era Pedro.
- Heidi, estamos en mi restaurante. Daos prisa en venir -(Pedro)-
- Enseguida vamos, ya hemos acabado de hablar -(Heidi)-
Se bajaron y antes de vestirse Heidi se metió en la boca el espárrago de Marco y lo mordió. Marco gritó de placer. Salieron de la tienda como si nada hubiera ocurrido y se marcharon al restaurante donde Clara y Pedro les estaban esperando tomándose un par de copas.
Llegaron y en ese momento a Clara le dio un apretón, Marco se fue con ella al servicio.
- Habéis tardado mucho -(Pedro)-
- Teníamos mucho que hablar -(Heidi)-
- ¿Lo habéis arreglado? -(Pedro)-
- Sí -(Heidi)-
Llegaron Marco y Clara y se despidieron de Heidi y Pedro, debían viajar a Italia ya que la madre de
Marco había muerto por una indigestión de lentejas.
Pedro notó a Heidi muy rara aquella noche; no quería hacer el amor. Así estuvieron dos meses, Heidi evitaba a Pedro en todo momento.
- Pedro, creo que debemos separarnos durante un tiempo -(Heidi)-
- ¿Porqué? ¿Ya no te satisfago? -(Pedro)-
- Te he puesto los cuernacos -(Heidi)-
- ¿Cómo has podido? Con todo lo que yo te he querido y he aguantado por ti -(Pedro)-
- Perdóname, pero él lo hizo mucho mejor que tú. Me sentí mujer -(Heidi)-
- ¿Cómo puedes decirme esto? Lárgate de aquí -(Pedro)-
- Ya tengo preparada la maleta. -(Heidi)-
- Antes de irte, dime con quien fue -(Pedro)-
- No seas masoca -(Heidi)-
- Necesito saber quien es -(Pedro)-
- Fue con Marco -(Heidi)-
Heidi se marchó cabizbaja mientras Pedro se quedaba mirándola impotente golpeando la puerta con el puño. Jamás perdonaría la infidelidad de Heidi. Al final de la ladera estaba Marco esperando a Heidi, él también había roto con Clara y ésta le había tirado todos los jarrones de porcelana china que había encontrado por la enorme mansión acertándole todos y cada uno en la frente, con lo que sobresalía un sustancioso chichón morado.
- ¡¡Hijo de puta!! -(Clara)-
- Clara, fue un error. Pero debía contártelo antes de que te enteraras por otros. -(Marco)-
- Te odio, ¡¡¡lárgate de mi casa!!! -(Clara)-
- Clara, ¡¡el jarrón con las cenizas de tu padre no....!! -(Marco)- [crash!!!!]
...continuará...
El padre de Marco había ganado los Euromillones italianos y mandaron al chaval a estudiar a América. Con 15 años, Marco emprendió un nuevo viaje, pero tuvo suerte porque pudo pagarlo y no estuvo por ahí mendigando como un pordiosero nauseabundo. Marco estaba cagaíto de miedo cuando llegó a América, lugar donde a partir de ese día debía quedarse a estudiar y vivir. Pilló un autobús y se fue directo a la facultad de ciencias absurdas. Allí conoció a una dulce chica de Suiza con el pelo negro y largo. Apenas podían comunicarse entre ellos, él hablaba italiano y ella, suizo y lo que sabían de inglés no les era suficiente; por eso, el primer año se esforzaron al máximo en el idioma, y al cabo de siete meses pudieron entenderse mientras hablaban.
- ¡¡Que passssa Marco!! -(Heidi)-
- ¡¡Esa Heidi!! Oye, aún no me has contado nada de tu puñetera vida. -(Marco)-
- Vivía en Suiza con mi abuelo aunque estuve un tiempo en casa de una pija remilgada en silla de ruedas que, por arte de magia, empezó a andar y vivía con una institutriz estirada con nombre de perro rabioso. Tú tampoco me has contado nada de tu pestulenta vida. -(Heidi)-
- Mi madre se piró y me quedé sólo pero me marché a buscarla y me recorrí medio mundo acompañado de un mono blanco. -(Marco)-
El curso acabó y ambos regresaron a su lugar de origen. Se dieron sus direcciones y se escribían a menudo. En una carta, Heidi le decía a Marco:
"Querido Marco. El golferas de mi abuelo se ha traído una tiparraca a casa y quieren estar solos, por eso me ha mandado de nuevo donde la pija y la institutriz. Me gustaría que te vinieses, no soporto lo 'super-mega-guay' que se ha vuelto la 'Mariflagüer'. Dentro del sobre habrás visto otro papel: es la dirección de donde ahora estoy. Espero que vengas, me haces mucha falta"
Marco pilló las maletas, las llenó de ropa y condones, muchos condones, y se largó al aeropuerto a coger un avión que fuera directo a Suiza. El viaje duró tres horas y otras dos más desde el aeropuerto hasta la Mansión de la pija.
Pulsó el timbre, a los cinco segundos, un mayordomo abrió la puerta.
- ¿Qué desea? -(Mayordomo)-
- Ejem, hola, soy un amigo de Heidi, ella me ha invitado. -(Marco)-
- Oh, entonces usted es el señorito Marco, pase, le estábamos esperando, en especial Adelaida. -(Mayordomo)-
- ¿Adelaida? -(pensó Marco)- Debe ser la pija.
Entró, el mayordomo llevó sus maletas al cuarto de invitados. Marco se quedó allí, en el centro del hall, sin saber que hacer. De un hueco apareció una Heidi realmente cambiada: no llevaba su melena ondeando al viento, llevaba un recogido con varios mechones rizados sueltos. Tampoco llevaba sus vaqueros rotos y sus camisetas chulas, iba con un vestidito de seda rusa rosa.
- Siento que me veas así. Ordenes de la institutriz. Ven, te presentaré a la pija. -(Heidi)-
- ¿Se llama Adelaida? -(Marco)-
- No, se llama Clara, Adelaida soy yo, Heidi pa la peña. -(Heidi)-
- Heidi, ¿no nos presentas? -(Clara)-
- Oh, claro. Marco, Clara, Clara, Marco -(Heidi)-
- Encantado señorita -(Marco)-
- Que amable -(Clara)- Ven, te enseñaré mi super cuarto.
Ambos subieron las enormes escaleras, Heidi se marchó al aseo. Estuvo un tiempo mirándose al espejo. Se agachó y se lavó la cara, el maquillaje rosa pastel recorría su cara. Se alisó el pelo y se cambió de ropa; estaba hasta las narices de su cara de niñata repelente.
Clara se tumbó pervertidamente en la cama de forma redonda y Marco se quedó mirando el espejo que Clara tenía colgado del techo.
- ¿Para qué tienes el espejo en el techo? -(Marco)-
- Para ver las guarradas que hago por la noche -(Clara)-
- ¿Tú sola? -(Marco)-
- Sí, pero ahora que tú has venido, las haremos juntos -(Clara)-
Marco se sentó en la cama.
- ¿Por qué tu cama es redonda? -(Marco)-
- Es más divertida -(Clara)-
Clara se sentó en los muslos de Marco frente a él. La, ya de por sí, abultada entrepierna de Marco, siguió su crecimiento adolescente bestialmente. Clara puso allí su mano mientras su boca se acercaba lentamente a la boca de Marco. Se besaron. Los dientes perfectamente blancos de Clara mordieron los labios carnosos de Marco. Clara se desabrochó la blusa y Marco se sacó a lo bestia la camiseta. Marcó metió la lengua entre los prominentes pechos de Clara y ella suspiró de gusto con la cabeza ligeramente hacia atrás.
Marco se tumbó en la cama y Clara le bajó la cremallera de los pantalones con la boca. En lo que Clara se quitaba la falda, Marco se puso un capuchón en el miembro. Cogió a Clara de la cintura y la tiró en la cama y de un solo golpe hizo par en el hoyo ocho.
Mientras todo esto ocurría Heidi se encontraba tomando un pequeño aperitivo en la cocina. Un chillido de Clara retumbó en sus oídos y Heidi subió corriendo las escaleras que llevaban al cuarto de Clara, abrió la puerta y se encontró a ese par de especimenes en plena desahogación.
- Dios mío -(Heidi)-
- Oh, mierda, Heidi, puedo explicártelo -(Marco)-
- ¿te importaría marcharte? Estamos ocupados -(Clara)-
Heidi se marchó llorando dejando la puerta totalmente abierta.
Marco salió de Clara, se vistió deprisa y salió de la habitación en busca de la atormentada Heidi. Se encontraron en el garaje; Heidi estaba esperando a que la puerta se abriera y pudiera salir con la moto y desaparecer. Marco se colocó delante de ella, pero ésta no dudo en acelerar para que él se apartara; Marco negó con la cabeza.
- Aparta de la puerta -(Heidi)-
- Heidi, escúchame -(Marco)-
Heidi aceleró al máximo y, bordeando a Marco, salió en dirección a las montañas. Marco se quedó allí, hincó las rodillas en el suelo y se echó a llorar.
Heidi tardó toda la tarde y parte de la noche en llegar a la casa de su abuelo donde también vivía Pedro ya que el abuelo estaba senil y chocheaba.
Heidi llamó a la puerta y fue Pedro el que la abrió.
- Heidi, que alegría verte -(Pedro)-
- Hola, ¿y mi abuelo? -(Heidi)-
- Peor de lo que estaba, la golfilla que se pilló estaba enferma y la dao los viruses a tu abuelo; esta mañana vino el doctor y dijo que le quedaba poco. -(Pedro)-
- ¿Cómo no me lo has dicho? -(Heidi)-
- Ahora salía a llevar una carta para que te la entregaran lo antes posible; pero, no te quedes ahí, ésta es tu casa, entra. -(Pedro)-
Heidi entró, miró la casa de arriba a abajo, no era como la recordaba. Pasó a la habitación de su abuelo.
- Abuelo, mire quien ha venido -(Pedro)-
- Abuelito, dime tú porqué enfermito estás...-(Heidi)-
- ¿Heidi?¿Eres tú? Oh, mi pequeña niña -(Abuelo)-
- He venido para quedarme, no me marcharé -(Heidi)-
- Heidi, sé que estoy muy mal aunque Pedro y el doctor me lo oculten, me alegro de verte; no quería morirme sin volver a ver a la niña de mis ojos. -(Abuelo)-
- Abuelo, no te vas a morir -(Pedro)-
- Es verdad, aún tienes que conocer mucho mundo y algún biznieto -(Heidi)-
- Heidi, Pedro, no desperdicieis vuestra vida como lo hice yo. Me arrepiento mucho de haber sido como soy. -(Abuelo)-
- Te quiero tal y como eres -(Heidi)-
- Sólo lo dices para animarme y, por eso, gracias. Estoy cansado, quiero dormir. -(Abuelo)-
El abuelo cerró los ojos y Pedro y Heidi salieron de la habitación y un escalofrío recorrió el cuerpo de ambos; no dudaron en entrar de nuevo. Lo que más temían, había pasado: el abuelo había muerto.
Tres días después lo enterraron al pie de la colina.
Pedro y Heidi restauraron la casa. Una vez acabada, Pedro sabía que debería marcharse, ésa no era su casa.
- Bueno Heidi, nos ha quedado bien ¿eh? -(Pedro)-
- Sí. Aunque no me gustaría vivir aquí yo sola -(Heidi)-
- Pues, va a ser que me voy, yo aquí no pinto nada -(Pedro)-
- Quédate conmigo. -(Heidi)-
Heidi cogió a Pedro de la mano y se lo llevó al cuarto. Una vez allí lo tiró en la cama y lo besó apasionadamente. Heidi se fue al cuarto de baño y mientras Pedro se fue desnudando hasta que se quedó sin ropa alguna; cuando Heidi entró de nuevo con un vestido transparente de lino en el cuarto, Pedro estaba sentado en la cama más tieso que una cerilla. Heidi se sentó sobre su virilidad y Pedro le sacó el camisón por la cabeza; ella comenzó a moverse en un vaivén coordinado con las respiraciones de ambos. Sus cuerpos sudorosos se agitaban más fuerte, y los gemidos se desbocaban. Pedro puso sus pulgares sobre los pezones de Heidi y ésta jugaba a la zambomba con el manubrio de Pedro y el agujero escondido de su cuerpo. Ambos gozaron toda la noche y Heidi se durmió encima de Pedro. Al despertarse se metieron juntos en la ducha.
Pedro trabajaba de camarero en el único restaurante del pueblo y ganaba mucho dinero. Heidi se empleó en la panadería que había al lado de la iglesia.
Un día de frío invierno, entraron en la panadería una pareja con la esperanza de poder comprarse una barra de pan para saciar su hambre.
- Buenas, ¿qué desean? -(Heidi)-
- ¿Heidi? -(Clara)- Soy yo, Clara.
- Ah, tú -(Heidi)- Si no quieres nada, por favor salga del establecimiento.
- Queremos algo de pan -(Marco)-
- Sí. Un par de barras. -(Clara)-
- Aquí tenéis. Son 22 euros -(Heidi)-
- Joder, que carera. -(Marco)-
- Ésta es la única panadería de la zona -(Heidi)- Y si son tan amables, por favor, váyanse a la mierda.
Marco y Clara salieron de la panadería en el mismo instante en que Pedro entraba.
- ¡Pedro! Soy yo, Clara -(Clara)-
- Anda. Cuánto tiempo. ¿Qué haces aquí? -(Pedro)-
- He venido con Marco a pasar unos días -(Clara)-
Se quedaron Marco y Heidi solos en la panadería. Clara y Pedro seguían hablando fuera. Estaban en silencio. Marco pensaba que Heidi estaba muy sexy con las mejillas y el pelo manchados de harina y levadura. Heidi se quitó el mandil y unos prominentes pechos cobraban vida debajo de una fina camiseta de con un escote de vértigo. A Marco se le hacía la boca agua. Heidi salió de detrás del
mostrador y se sentó encima de él. De la minifalda salían dos largas piernas que Marco no pudo evitar ver, se le iban los ojos a las carnes de Heidi.
- ¿Se puede saber que coño estás mirando? -(Heidi)-
Marco miró a la puerta, vio a Clara y a Pedro dirigirse al restaurante donde éste trabajaba.
- Vayamos al restaurante -(Clara)-
- ¿Y Heidi y Marco? -(Pedro)-
- Déjalos. Necesitan hablar para aclarar unas cosas. Que se queden solos es lo mejor -(Clara)-
Heidi, cansada, volvió a preguntarle a Marco.
- ¿Se puede saber que coño estás mirando? -(Heidi)-
- El tuyo. Gracias a que tus piernas están un poco abiertas puedo ver tus bragas desde esta perspectiva.
-(Marco)-
- Puto salido de los huevos. -(Heidi)-
- ¿Te estás poniendo cachonda? -(Marco)-
- Me estoy poniendo enferma viéndote aquí -(Heidi)-
- Umm. ese aire de borde me pone a tono... -(Marco)-
- Allí atrás hay un baño. Desahógate. -(Heidi)-
- No quiero hacerlo solo -(Marco)-
- ¿Ya te duelen las muñecas? ¿Tanto matas tu soledad? ¿Es que Clara ya no te sirve? -(Heidi)-
- No sabe tanto como tú -(Marco)-
- ¿Te largas o te largo a hostias? -(Heidi)-
Marco se acercó a ella. Cogió las piernas de Heidi y se las puso por la cintura; ella no opuso resistencia alguna, al contrario, ella lo deseaba tanto como él. Marco la besó el ombligo. Ella bajó de la mesa.
Estaban frente a frente, aliento contra aliento, hombre contra mujer; Heidi enredó sus dedos en los
pelos de la nuca de Marco y se besaron apasionadamente. Marco tiró todo lo que había encima del
mostrador al suelo; se echaron encima de él. Se quitaron la ropa lo más deprisa que pudieron. Heidi cogió una mano de Marco y se la puso en una teta suya, luego cogió la otra mano y se la llevó a lo más profundo de su cuerpo desnudo. Marco le metió los dedos y empezó a investigar a oscuras...Heidi gemía como una perraca en celo. Marco sacó los dedos y se los metió en la boca, después su gusanito fue poco a poco encontrando el camino al bosque y ahí fue cuando Heidi tuvo un orgasmo. Él puesto encima era el que llevaba el compás al ritmo de las respiraciones acompasadas. Por desgracia el móvil de Heidi sonó. Era Pedro.
- Heidi, estamos en mi restaurante. Daos prisa en venir -(Pedro)-
- Enseguida vamos, ya hemos acabado de hablar -(Heidi)-
Se bajaron y antes de vestirse Heidi se metió en la boca el espárrago de Marco y lo mordió. Marco gritó de placer. Salieron de la tienda como si nada hubiera ocurrido y se marcharon al restaurante donde Clara y Pedro les estaban esperando tomándose un par de copas.
Llegaron y en ese momento a Clara le dio un apretón, Marco se fue con ella al servicio.
- Habéis tardado mucho -(Pedro)-
- Teníamos mucho que hablar -(Heidi)-
- ¿Lo habéis arreglado? -(Pedro)-
- Sí -(Heidi)-
Llegaron Marco y Clara y se despidieron de Heidi y Pedro, debían viajar a Italia ya que la madre de
Marco había muerto por una indigestión de lentejas.
Pedro notó a Heidi muy rara aquella noche; no quería hacer el amor. Así estuvieron dos meses, Heidi evitaba a Pedro en todo momento.
- Pedro, creo que debemos separarnos durante un tiempo -(Heidi)-
- ¿Porqué? ¿Ya no te satisfago? -(Pedro)-
- Te he puesto los cuernacos -(Heidi)-
- ¿Cómo has podido? Con todo lo que yo te he querido y he aguantado por ti -(Pedro)-
- Perdóname, pero él lo hizo mucho mejor que tú. Me sentí mujer -(Heidi)-
- ¿Cómo puedes decirme esto? Lárgate de aquí -(Pedro)-
- Ya tengo preparada la maleta. -(Heidi)-
- Antes de irte, dime con quien fue -(Pedro)-
- No seas masoca -(Heidi)-
- Necesito saber quien es -(Pedro)-
- Fue con Marco -(Heidi)-
Heidi se marchó cabizbaja mientras Pedro se quedaba mirándola impotente golpeando la puerta con el puño. Jamás perdonaría la infidelidad de Heidi. Al final de la ladera estaba Marco esperando a Heidi, él también había roto con Clara y ésta le había tirado todos los jarrones de porcelana china que había encontrado por la enorme mansión acertándole todos y cada uno en la frente, con lo que sobresalía un sustancioso chichón morado.
- ¡¡Hijo de puta!! -(Clara)-
- Clara, fue un error. Pero debía contártelo antes de que te enteraras por otros. -(Marco)-
- Te odio, ¡¡¡lárgate de mi casa!!! -(Clara)-
- Clara, ¡¡el jarrón con las cenizas de tu padre no....!! -(Marco)- [crash!!!!]
...continuará...
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