miércoles, 22 de febrero de 2017

¿Qué fue de Heidi Y Marco?

La gran mayoría sabe que Heidi se quedó con su abuelo en las altas montañas con Pedro y Clara regresó a su ciudad natal con la ogra esa. Y Marco encontró a su mamá y a su papá y volvieron a Italia. Pero, después de tantos años, ¿qué ha sido de ellos?

El padre de Marco había ganado los Euromillones italianos y mandaron al chaval a estudiar a América. Con 15 años, Marco emprendió un nuevo viaje, pero tuvo suerte porque pudo pagarlo y no estuvo por ahí mendigando como un pordiosero nauseabundo. Marco estaba cagaíto de miedo cuando llegó a América, lugar donde a partir de ese día debía quedarse a estudiar y vivir. Pilló un autobús y se fue directo a la facultad de ciencias absurdas. Allí conoció a una dulce chica de Suiza con el pelo negro y largo. Apenas podían comunicarse entre ellos, él hablaba italiano y ella, suizo y lo que sabían de inglés no les era suficiente; por eso, el primer año se esforzaron al máximo en el idioma, y al cabo de siete meses pudieron entenderse mientras hablaban.

- ¡¡Que passssa Marco!! -(Heidi)-
- ¡¡Esa Heidi!! Oye, aún no me has contado nada de tu puñetera vida. -(Marco)-
- Vivía en Suiza con mi abuelo aunque estuve un tiempo en casa de una pija remilgada en silla de ruedas que, por arte de magia, empezó a andar y vivía con una institutriz estirada con nombre de perro rabioso. Tú tampoco me has contado nada de tu pestulenta vida. -(Heidi)-
- Mi madre se piró y me quedé sólo pero me marché a buscarla y me recorrí medio mundo acompañado de un mono blanco. -(Marco)-

El curso acabó y ambos regresaron a su lugar de origen. Se dieron sus direcciones y se escribían a menudo. En una carta, Heidi le decía a Marco:
"Querido Marco. El golferas de mi abuelo se ha traído una tiparraca a casa y quieren estar solos, por eso me ha mandado de nuevo donde la pija y la institutriz. Me gustaría que te vinieses, no soporto lo 'super-mega-guay' que se ha vuelto la 'Mariflagüer'. Dentro del sobre habrás visto otro papel: es la dirección de donde ahora estoy. Espero que vengas, me haces mucha falta"

Marco pilló las maletas, las llenó de ropa y condones, muchos condones, y se largó al aeropuerto a coger un avión que fuera directo a Suiza. El viaje duró tres horas y otras dos más desde el aeropuerto hasta la Mansión de la pija.
Pulsó el timbre, a los cinco segundos, un mayordomo abrió la puerta.
- ¿Qué desea? -(Mayordomo)-
- Ejem, hola, soy un amigo de Heidi, ella me ha invitado. -(Marco)-
- Oh, entonces usted es el señorito Marco, pase, le estábamos esperando, en especial Adelaida. -(Mayordomo)-
- ¿Adelaida? -(pensó Marco)- Debe ser la pija.

Entró, el mayordomo llevó sus maletas al cuarto de invitados. Marco se quedó allí, en el centro del hall, sin saber que hacer. De un hueco apareció una Heidi realmente cambiada: no llevaba su melena ondeando al viento, llevaba un recogido con varios mechones rizados sueltos. Tampoco llevaba sus vaqueros rotos y sus camisetas chulas, iba con un vestidito de seda rusa rosa.
- Siento que me veas así. Ordenes de la institutriz. Ven, te presentaré a la pija. -(Heidi)-
- ¿Se llama Adelaida? -(Marco)-
- No, se llama Clara, Adelaida soy yo, Heidi pa la peña. -(Heidi)-
- Heidi, ¿no nos presentas? -(Clara)-
- Oh, claro. Marco, Clara, Clara, Marco -(Heidi)-
- Encantado señorita -(Marco)-
- Que amable -(Clara)- Ven, te enseñaré mi super cuarto.

Ambos subieron las enormes escaleras, Heidi se marchó al aseo. Estuvo un tiempo mirándose al espejo. Se agachó y se lavó la cara, el maquillaje rosa pastel recorría su cara. Se alisó el pelo y se cambió de ropa; estaba hasta las narices de su cara de niñata repelente.
Clara se tumbó pervertidamente en la cama de forma redonda y Marco se quedó mirando el espejo que Clara tenía colgado del techo.
- ¿Para qué tienes el espejo en el techo? -(Marco)-
- Para ver las guarradas que hago por la noche -(Clara)-
- ¿Tú sola? -(Marco)-
- Sí, pero ahora que tú has venido, las haremos juntos -(Clara)-
Marco se sentó en la cama.
- ¿Por qué tu cama es redonda? -(Marco)-
- Es más divertida -(Clara)-

Clara se sentó en los muslos de Marco frente a él. La, ya de por sí, abultada entrepierna de Marco, siguió su crecimiento adolescente bestialmente. Clara puso allí su mano mientras su boca se acercaba lentamente a la boca de Marco. Se besaron. Los dientes perfectamente blancos de Clara mordieron los labios carnosos de Marco. Clara se desabrochó la blusa y Marco se sacó a lo bestia la camiseta. Marcó metió la lengua entre los prominentes pechos de Clara y ella suspiró de gusto con la cabeza ligeramente hacia atrás.
Marco se tumbó en la cama y Clara le bajó la cremallera de los pantalones con la boca. En lo que Clara se quitaba la falda, Marco se puso un capuchón en el miembro. Cogió a Clara de la cintura y la tiró en la cama y de un solo golpe hizo par en el hoyo ocho.

Mientras todo esto ocurría Heidi se encontraba tomando un pequeño aperitivo en la cocina. Un chillido de Clara retumbó en sus oídos y Heidi subió corriendo las escaleras que llevaban al cuarto de Clara, abrió la puerta y se encontró a ese par de especimenes en plena desahogación.
- Dios mío -(Heidi)-
- Oh, mierda, Heidi, puedo explicártelo -(Marco)-
- ¿te importaría marcharte? Estamos ocupados -(Clara)-

Heidi se marchó llorando dejando la puerta totalmente abierta.
Marco salió de Clara, se vistió deprisa y salió de la habitación en busca de la atormentada Heidi. Se encontraron en el garaje; Heidi estaba esperando a que la puerta se abriera y pudiera salir con la moto y desaparecer. Marco se colocó delante de ella, pero ésta no dudo en acelerar para que él se apartara; Marco negó con la cabeza.
- Aparta de la puerta -(Heidi)-
- Heidi, escúchame -(Marco)-
Heidi aceleró al máximo y, bordeando a Marco, salió en dirección a las montañas. Marco se quedó allí, hincó las rodillas en el suelo y se echó a llorar.

Heidi tardó toda la tarde y parte de la noche en llegar a la casa de su abuelo donde también vivía Pedro ya que el abuelo estaba senil y chocheaba.
Heidi llamó a la puerta y fue Pedro el que la abrió.
- Heidi, que alegría verte -(Pedro)-
- Hola, ¿y mi abuelo? -(Heidi)-
- Peor de lo que estaba, la golfilla que se pilló estaba enferma y la dao los viruses a tu abuelo; esta mañana vino el doctor y dijo que le quedaba poco. -(Pedro)-
- ¿Cómo no me lo has dicho? -(Heidi)-
- Ahora salía a llevar una carta para que te la entregaran lo antes posible; pero, no te quedes ahí, ésta es tu casa, entra. -(Pedro)-

Heidi entró, miró la casa de arriba a abajo, no era como la recordaba. Pasó a la habitación de su abuelo.
- Abuelo, mire quien ha venido -(Pedro)-
- Abuelito, dime tú porqué enfermito estás...-(Heidi)-
- ¿Heidi?¿Eres tú? Oh, mi pequeña niña -(Abuelo)-
- He venido para quedarme, no me marcharé -(Heidi)-
- Heidi, sé que estoy muy mal aunque Pedro y el doctor me lo oculten, me alegro de verte; no quería morirme sin volver a ver a la niña de mis ojos. -(Abuelo)-
- Abuelo, no te vas a morir -(Pedro)-
- Es verdad, aún tienes que conocer mucho mundo y algún biznieto -(Heidi)-
- Heidi, Pedro, no desperdicieis vuestra vida como lo hice yo. Me arrepiento mucho de haber sido como soy. -(Abuelo)-
- Te quiero tal y como eres -(Heidi)-
- Sólo lo dices para animarme y, por eso, gracias. Estoy cansado, quiero dormir. -(Abuelo)-

El abuelo cerró los ojos y Pedro y Heidi salieron de la habitación y un escalofrío recorrió el cuerpo de ambos; no dudaron en entrar de nuevo. Lo que más temían, había pasado: el abuelo había muerto.
Tres días después lo enterraron al pie de la colina.

Pedro y Heidi restauraron la casa. Una vez acabada, Pedro sabía que debería marcharse, ésa no era su casa.
- Bueno Heidi, nos ha quedado bien ¿eh? -(Pedro)-
- Sí. Aunque no me gustaría vivir aquí yo sola -(Heidi)-
- Pues, va a ser que me voy, yo aquí no pinto nada -(Pedro)-
- Quédate conmigo. -(Heidi)-

Heidi cogió a Pedro de la mano y se lo llevó al cuarto. Una vez allí lo tiró en la cama y lo besó apasionadamente. Heidi se fue al cuarto de baño y mientras Pedro se fue desnudando hasta que se quedó sin ropa alguna; cuando Heidi entró de nuevo con un vestido transparente de lino en el cuarto, Pedro estaba sentado en la cama más tieso que una cerilla. Heidi se sentó sobre su virilidad y Pedro le sacó el camisón por la cabeza; ella comenzó a moverse en un vaivén coordinado con las respiraciones de ambos. Sus cuerpos sudorosos se agitaban más fuerte, y los gemidos se desbocaban. Pedro puso sus pulgares sobre los pezones de Heidi y ésta jugaba a la zambomba con el manubrio de Pedro y el agujero escondido de su cuerpo. Ambos gozaron toda la noche y Heidi se durmió encima de Pedro. Al despertarse se metieron juntos en la ducha.

Pedro trabajaba de camarero en el único restaurante del pueblo y ganaba mucho dinero. Heidi se empleó en la panadería que había al lado de la iglesia.
Un día de frío invierno, entraron en la panadería una pareja con la esperanza de poder comprarse una barra de pan para saciar su hambre.
- Buenas, ¿qué desean? -(Heidi)-
- ¿Heidi? -(Clara)- Soy yo, Clara.
- Ah, tú -(Heidi)- Si no quieres nada, por favor salga del establecimiento.
- Queremos algo de pan -(Marco)-
- Sí. Un par de barras. -(Clara)-
- Aquí tenéis. Son 22 euros -(Heidi)-
- Joder, que carera. -(Marco)-
- Ésta es la única panadería de la zona -(Heidi)- Y si son tan amables, por favor, váyanse a la mierda.
Marco y Clara salieron de la panadería en el mismo instante en que Pedro entraba.
- ¡Pedro! Soy yo, Clara -(Clara)-
- Anda. Cuánto tiempo. ¿Qué haces aquí? -(Pedro)-
- He venido con Marco a pasar unos días -(Clara)-

Se quedaron Marco y Heidi solos en la panadería. Clara y Pedro seguían hablando fuera. Estaban en silencio. Marco pensaba que Heidi estaba muy sexy con las mejillas y el pelo manchados de harina y levadura. Heidi se quitó el mandil y unos prominentes pechos cobraban vida debajo de una fina camiseta de con un escote de vértigo. A Marco se le hacía la boca agua. Heidi salió de detrás del
mostrador y se sentó encima de él. De la minifalda salían dos largas piernas que Marco no pudo evitar ver, se le iban los ojos a las carnes de Heidi.
- ¿Se puede saber que coño estás mirando? -(Heidi)-
Marco miró a la puerta, vio a Clara y a Pedro dirigirse al restaurante donde éste trabajaba.
- Vayamos al restaurante -(Clara)-
- ¿Y Heidi y Marco? -(Pedro)-
- Déjalos. Necesitan hablar para aclarar unas cosas. Que se queden solos es lo mejor -(Clara)-
Heidi, cansada, volvió a preguntarle a Marco.
- ¿Se puede saber que coño estás mirando? -(Heidi)-
- El tuyo. Gracias a que tus piernas están un poco abiertas puedo ver tus bragas desde esta perspectiva.
-(Marco)-
- Puto salido de los huevos. -(Heidi)-
- ¿Te estás poniendo cachonda? -(Marco)-
- Me estoy poniendo enferma viéndote aquí -(Heidi)-
- Umm. ese aire de borde me pone a tono... -(Marco)-
- Allí atrás hay un baño. Desahógate. -(Heidi)-
- No quiero hacerlo solo -(Marco)-
- ¿Ya te duelen las muñecas? ¿Tanto matas tu soledad? ¿Es que Clara ya no te sirve? -(Heidi)-
- No sabe tanto como tú -(Marco)-
- ¿Te largas o te largo a hostias? -(Heidi)-

Marco se acercó a ella. Cogió las piernas de Heidi y se las puso por la cintura; ella no opuso resistencia alguna, al contrario, ella lo deseaba tanto como él. Marco la besó el ombligo. Ella bajó de la mesa.
Estaban frente a frente, aliento contra aliento, hombre contra mujer; Heidi enredó sus dedos en los
pelos de la nuca de Marco y se besaron apasionadamente. Marco tiró todo lo que había encima del
mostrador al suelo; se echaron encima de él. Se quitaron la ropa lo más deprisa que pudieron. Heidi cogió una mano de Marco y se la puso en una teta suya, luego cogió la otra mano y se la llevó a lo más profundo de su cuerpo desnudo. Marco le metió los dedos y empezó a investigar a oscuras...Heidi gemía como una perraca en celo. Marco sacó los dedos y se los metió en la boca, después su gusanito fue poco a poco encontrando el camino al bosque y ahí fue cuando Heidi tuvo un orgasmo. Él puesto encima era el que llevaba el compás al ritmo de las respiraciones acompasadas. Por desgracia el móvil de Heidi sonó. Era Pedro.
- Heidi, estamos en mi restaurante. Daos prisa en venir -(Pedro)-
- Enseguida vamos, ya hemos acabado de hablar -(Heidi)-
Se bajaron y antes de vestirse Heidi se metió en la boca el espárrago de Marco y lo mordió. Marco gritó de placer. Salieron de la tienda como si nada hubiera ocurrido y se marcharon al restaurante donde Clara y Pedro les estaban esperando tomándose un par de copas.

Llegaron y en ese momento a Clara le dio un apretón, Marco se fue con ella al servicio.
- Habéis tardado mucho -(Pedro)-
- Teníamos mucho que hablar -(Heidi)-
- ¿Lo habéis arreglado? -(Pedro)-
- Sí -(Heidi)-

Llegaron Marco y Clara y se despidieron de Heidi y Pedro, debían viajar a Italia ya que la madre de
Marco había muerto por una indigestión de lentejas.
Pedro notó a Heidi muy rara aquella noche; no quería hacer el amor. Así estuvieron dos meses, Heidi evitaba a Pedro en todo momento.
- Pedro, creo que debemos separarnos durante un tiempo -(Heidi)-
- ¿Porqué? ¿Ya no te satisfago? -(Pedro)-
- Te he puesto los cuernacos -(Heidi)-
- ¿Cómo has podido? Con todo lo que yo te he querido y he aguantado por ti -(Pedro)-
- Perdóname, pero él lo hizo mucho mejor que tú. Me sentí mujer -(Heidi)-
- ¿Cómo puedes decirme esto? Lárgate de aquí -(Pedro)-
- Ya tengo preparada la maleta. -(Heidi)-
- Antes de irte, dime con quien fue -(Pedro)-
- No seas masoca -(Heidi)-
- Necesito saber quien es -(Pedro)-
- Fue con Marco -(Heidi)-

Heidi se marchó cabizbaja mientras Pedro se quedaba mirándola impotente golpeando la puerta con el puño. Jamás perdonaría la infidelidad de Heidi. Al final de la ladera estaba Marco esperando a Heidi, él también había roto con Clara y ésta le había tirado todos los jarrones de porcelana china que había encontrado por la enorme mansión acertándole todos y cada uno en la frente, con lo que sobresalía un sustancioso chichón morado.
- ¡¡Hijo de puta!! -(Clara)-
- Clara, fue un error. Pero debía contártelo antes de que te enteraras por otros. -(Marco)-
- Te odio, ¡¡¡lárgate de mi casa!!! -(Clara)-
- Clara, ¡¡el jarrón con las cenizas de tu padre no....!! -(Marco)- [crash!!!!]


...continuará...

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