sábado, 25 de febrero de 2017

¿Qué fue de Marco y Heidi? 2ª parte

Marco y Heidi se quedaron a vivir en España y Clara había subido a las montañas a meditar y recapacitar. Allí se encontró con Pedro, con cara de loco y perturbado. Estaba tramando un plan.
- ¡¡Pedro!! [como Penélope Cruz] -(Clara)-
- ¡Clara! ¿¡cómo tú por aquí!? -(Pedro)-
- Quiero hacerme budista, es la última moda en mi ciudad -(Clara)-
El exuberante escote de Clara tomaba vida propia dentro del top de tirantes. La pobre estaba extasiada después de subir toda aquella montaña y su corazón se le salía del pecho y los pezones se le marcaban como pistachos y con el frío aún más, parecía que se le fuera a rajar la camiseta.
- ¡Qué frío! Tengo los pezones que podía picar hielo con ellos -(Clara)-
- Yo conozco un remedio casero para quitar el frío y el empitonamiento de los pezones -(Pedro)-
- ¿Ah sí? ¿Y cómo es? -(Clara)-
- Se lo hacíamos a las cabras cuando en el invierno no dejaban que sus crías mamasen -(Pedro)-

Pedro le pidió a Clara que se quitara la camiseta. Ella obedeció sensualmente. También le babeó que se desabrochara el sujetador. El pecho de Clara parecía suave y terso. Pedro empezó a lamerle los pezones, ella se metía la mano entre las bragas y palpaba el interior de su maleza. Pedro agarró los pezones de Clara con los dedos índice y pulgar y los frotó; se ponían rojos como las mejillas amanzanadas de Clara; ella emitió un pequeño gritito ahogado por el frío.
Encontraron una cueva y allí Pedro se la trincó hasta lo intrincable. Clara sacó el bote de vaselina y
pringó con la lengua la porra de Pedro. Después Clara se apoyó en la pared con el culo en pompa y Pedro sentado bajo ella le lamía todo lo que podía mientras hacía uso de su mano derecha para
desfogarse. Clara se sentó encima de Pedro y cabalgó como una desbocada. Horas y horas cabalgando, corriendo... tenían tal subidón que uno de los orgasmos de Clara provocó una avalancha. Siguieron jodiendo hasta que se fundió la nieve por la calentura de sus cuerpos.
Salieron de la cueva y se dirigieron a la choza de Pedro; allí se "calentaron" aún más gracias al calor de la chimenea a pilas.

Pedro tuvo que largarse a trabajar. Si llegaba tarde le despedían. Clara quería colaborar y se fue a
ordeñar a las cabras. Se quedó un poco extrañada porque la cabra que ella vio sólo tenía en la ubre una teta (era un carnero, pero eso ella no lo sabía, como la chica es de ciudad…). Estuvo ahí, dale que te pego al manubrio de la "cabra" hasta que consiguió medio cubo de "leche". Cuando Pedro llegó a casa, Clara le sirvió un vaso de "leche".
- ¿La has ordeñado tú? -(Pedro)-
- Sí, aunque me ha costado un montón, apenas salía nada, tuve que utilizar la boca, pero al final he
logrado medio cubo -(Clara)-
- ¿Y de donde has sacado la cabra? -(Pedro)-
- Pues la que tú tenías en el establo -(Clara)-
- ¿¡Qué!? -escupió- ¡Eso no era una cabra, era un carnero! -(Pedro)-
- Oh Dios mío, he masturbado a un carnero, ha sido una agradable experiencia -(Clara)-
- Ahora como castigo vas a hacer conmigo lo mismo que con el carnero y te beberás lo que salga -
(Pedro)-

Clara obedeció con dulzura. Pedro a cuatro patas con su colgajo colgando y la otra dale que te pego con las manos y con la boca y el otro grito tras grito y corrida tras corrida. Nada más acabar, Pedro hirvió el semen y se lo hizo beber a Clara.
- Uh, que rico. ¿Puedo repetir? -(Clara)-
- Mañana, que ahora estoy descargado -(Pedro)-

Mientras todo esto ocurría allá por las montañas de Suiza, en España la relación de Marco y Heidi no pasaba por sus mejores momentos. Marco sospechaba de Heidi porque siempre llegaba tarde del trabajo y sin ganas de ñaca-ñaca; y siempre que podían hacerlo, los soldaditos de Marco justo cuando iban a salir del cuartel, se acojonaban y se quedaban dentro, hecho conocido entre todos como gatillazo.
- Heidi, nuestra vida sexual ya no es como antes -(Marco)-
- Lo he notado -(Heidi)-
- Ya no veo en ti a la perra caliente de antes -(Marco)-
- Marco, creo que deberíamos darnos un descanso -(Heidi)-
- Heidi, ¿lo dices en serio? -(Marco)-
- Sí. Es lo mejor. Me largo a trabajar, después no volveré a pisar aquí hasta que no haya pensado sobre nosotros. Tú deberías hacer lo mismo. -(Heidi)-

Pasó una semana Marco sin saber nada de Heidi, hasta que un día se hartó y se fue a verla al trabajo.
Heidi trabajaba en una oficina; lo único que tenía que hacer era pasarle todas las llamadas al jefe.
Se vistió Marco to trajeao con corbata incluida y un ramo de rosas blancas. Entró en el edificio y le
preguntó a la recepcionista por Heidi. Ella le dijo que su departamento estaba en la planta décima. Por suerte o desgracia el ascensor no funcionaba y le tocó subirse los 10 pisitos a patita.
Cuando Marco llegó al departamento de Heidi allí no había nadie, pero la curiosidad le hizo mirar a
través de las persianas del despacho y se encontró lo que nunca hubiera querido haber presenciado: los cuernacos.

Vio a Heidi con una minifalda agachada cogiendo papeles mientras el jefe la azotaba en todo el
pandero. A más azotes que le daba, ella más se subía la falda, y no llevaba bragas pero se había segado el hoyo. Heidi se puso de rodillas mirando al jefe y con la boca le desabrochó los pantalones que automáticamente se bajaron al suelo junto a los calzoncillos; Heidi empezó a saborear aquel chupachups de nata montada. Marco vio como por una puerta entraba otro tío y empezaba a masturbarse viendo como Heidi se metía el miembro de su jefe por todos los agujeros posibles. El jefe tiró todo lo que tenía encima de la mesa al suelo y Heidi se puso a cuatro patas encima de la mesa, el jefe se la metió por detrás y el otro que se estaba masturbando se la metió por la boca donde se corrió hasta que se le quedó floja pero Heidi, obsesa perdía, quería más y seguía chupando y chupando, y los otros gozando y gozando. Sonó el teléfono, pararon de montárselo y el jefe lo cogió. Rápidamente el otro tío salió por donde entró y Heidi comenzó a vestirse. El jefe colgó y desvistió a Heidi y empezó a pasarle la lengua por todos los rincones eróticos de su cuerpo. Ella se sentó en una silla con las piernas abiertas 180 grados y el jefe se puso de rodillas y comenzó a comerle la almeja.
Marco, con la ira contenida, entró como un rayo en el despacho ante el asombro de Heidi y de su jefe.

- ¡¡PUTA!! -(Marco)- ¡¿Cómo has podido hacerme esto?!
- Puta lo será tu madre, además ya no estamos juntos -(Heidi)-
- ¡Nos estábamos tomando un descanso! ¿No lo recuerdas? -(Marco)-
- Sí. Pero no quiero saber nada de ti -(Heidi)-
- ¡Zorra!, Sabes hacer daño a la gente, recuerda que perdiste conmigo la virginidad en el instituto -
(Marco)-
- ¿Te creíste eso? Antes de montármelo contigo me lo monté con mi perro antes de que él muriera -(Heidi)-
Tras un silencio sepulcral, Marco logró articular:
- En casa todavía hay cosas tuyas, te las dejaré en el jardín para que luego pases a por ellas -(Marco)-
Marco soltó las flores en el suelo y salió a toda mecha del lugar del adulterio.

Heidi pasó por la tarde a buscar sus cosas y encima de una lamparita con forma de tío desnudo cuya bombilla era la "nariz", encontró una nota: <Coge tus cosas y vete; estoy en el acantilado que hay detrás, ya no tengo motivos por los que vivir... Marco>
Heidi soltó la lamparita y se le rompió la "nariz". Fue corriendo al acantilado y se encontró con Marco con los brazos en cruz en el borde.
- ¡¡No lo hagas!! -(Heidi)-
- ¿por qué? -(Marco)-
- Y yo que sé. Es lo que se dice en estos casos -(Heidi)-
- Vete, no quiero que me veas morir -(Marco)-
- No pienso perderme semejante espectáculo. Al final, no te tirarás -(Heidi)-
- Pienso hacerlo -(Marco)-
- Uy, eso lo dijiste cuando te mandé arreglar el tejado y me parece que todavía no has empezado - (Heidi)-
- Para que empezar si tú ya no estás para decirme que lo hago mal -(Marco)-

Heidi le tira de la camiseta, le da media vuelta y le estampa un beso en los morros que quita el sentío.
- Heidi. ¿esto significa que hemos vuelto? -(Marco)-
- Sí. No quiero que sufras por mi culpa. Si tienes que morir que sea a polvos -(Heidi)-
Marco cogió a Heidi y se la llevó directa al catre, donde se mostró más fogosa que nunca:
Antes de empezar Heidi fue un momento a la cocina y volvió con un bote de sirope de chocolate y otro de nata "montada". Ambos en pelota se embadurnaron con el chocolate y la nata y empezaron a revolcarse en la cama, pringándose todo bajo su revoltijo. Después se lamieron el chocolate y la nata pero Marco tuvo que parar, estaba a punto de vomitar; se levantó y fue al baño a potar. Heidi se vistió y le dijo que iba a la farmacia a buscar algo. Pasaron tres meses y no ha vuelto de la farmacia y el inocente de Marco pensó que se había perdido porque la farmacia que estaba de guardia estaba muy lejos, tan lejos como dijo Heidi que estaba.

Marco puso en venta aquella casa y se largó a hacer el camino de Santiago. Una vez hecho siguió
andando a través de España pero en Melilla le confundieron con un asalta vallas y le mandaron en
Range Rover al desierto de Angola. Allí unos empresarios (chicos) americanos le cogieron como
esclavo sexual si quería una vida de lujo en Wall Street. Después de dos años "recogiendo jabones" le abandonaron en Suiza porque encontraron a un chaval más joven.

Una vez allí decidió ir a visitar a Clara y echar un polvo en condiciones. Al llegar, el mayordomo le dijo que Clara se encontraba con Pedro en lo alto de las montañas. Y allí fue donde se dirigió Marco.
Llamó a la puerta y un niño de 5 años abrió la puerta y detrás del niño estaba la madre: Clara.
- ¡Marco!, ¡Cuánto tiempo! ¿Vienes solo? ¿Y Heidi? Ay, pasa, pasa -(Clara)-
- Coño Marco. Hijo vete a jugar con el perro -(Pedro)-
- Hola, es que Heidi me ha dejado, unos gays me han follado y me han abandonado en este país -
(Marco)-
- ¡Qué bien vives! Ya le dije yo a Pedro que Heidi era mala hierba -(Clara)-
- Puedes quedarte aquí hasta que encuentres un sitio donde vivir -(Pedro)-

Dicho y hecho, Marco se quedó allí un tiempo y se puso a trabajar y colaboró en los pagos de la
hipoteca del chabolo donde vivían él, Clara, Pedro y el hijo de ambos. Un día a Pedro le salió un viaje de negocios fuera del país durante una semana y decidió llevarse al crío, dejando a Clara y a Marco al
cuidado de la casa. Esa misma noche durmieron juntos. La culpa fue del frío glaciar que por aquella
época recorría las montañas y, claro, necesitaban calor humano.

Ella se tumbó boca arriba en la paja y él le hizo un striptease. Clara le metía billetes de 500 euracos falsos con la boca en los gayumbos. Después ella le arrancó los calzones con la boca y comprobó la temperatura de su cuerpo introduciéndose el termómetro de Marco en la boca hasta que el pitido le avisó de que estaba a punto de estallar y no quería que se rompiera dentro. Después de tres polvos, ambos se quedaron dormidos acurrucados.

Mientras todo esto pasaba allá a lo lejos en las montañas; en el avión Pedro se encontró con Heidi y aprovechó que su hijo estaba dormido para mantener una conversación con Heidi.
- Tu niño es muy mono, se parece a ti. Tenéis la misma cara de ceporro -(Heidi)-
- Todo el mundo dice lo mismo -(Pedro)-
- ¿Qué tal está Clara? -(Heidi)-
- Bien, Marco está en casa -(Pedro)-
- ¿Se han quedado los dos solos? -(Heidi)-
- Sí. -(Pedro)-
- Tenía una ligera impresión al verte los cuernos del pelo -(Heidi)-
- Será zorra -(Pedro)-
- Será mejor que te divorcies de ella -(Heidi)-
- O puedo pagarla con la misma moneda, ¿vamos al aseo? -(Pedro)-
- ¿Qué tal duerme tu niño? -(Heidi)-
- 8 horas de un tirón. Y lleva 4. -(Pedro)-

Se metieron en el estrecho aseo del avión. Bajaron la tapa del inodoro y Pedro se sentó en ella con los pantalones y los calzoncillos por debajo de las rodillas. Heidi también se quitó los pantalones y las bragas y se sentó encima de Pedro, el cual entró en Heidi. Heidi botó y botó encima de Pedro y ahogó sus gritos con una bola de papel higiénico en la boca. Heidi se sacó a Pedro y con una pastilla de jabón, llenó de espuma la escopeta de Pedro que escupía balas blancas a una gran velocidad hacia la boca de Heidi con una certera puntería. Pero en lo más divertido de su dulce adulterio, alguien llamó a la puerta del aseo:
- Papi, ¿estás ahí? -(Hijo de Pedro)-
-Sí. Enseguida salgo -(Pedro)-
Pedro salió y al minuto salió Heidi como si no hubiera pasado nada. Al llegar al aeropuerto cada uno tomó su camino y no se volvieron a ver.

Pedro volvió con su hijo a casa seis meses más tarde. Cuando llegó se encontró con Clara con un vientre abultado y Marco sobándole la tripa. Pedro mandó a su hijo a comprar pan
- Clara, ¿Cómo has podido? -(Pedro)-
- Pedro, ha sido un desliz -(Clara)-
- Ahora me vas a decir que la poya de Marco se metió por accidente en tu chocho caliente. Vamos no me jodas -(Pedro)-
- Pedro no te sulfures -(Marco)-
- Contigo quería hablar. He estado con Heidi -(Pedro)-
- ¿En serio? ¿Qué tal está? -(Marco)-
- Más caliente que antes. Es una fiera. Me la tiré en el avión. Folla que te cagas. Mejor que antes -
(Pedro)-
- Eres un puto cabrón -(Marco)-
- Cáscaras, ¿Y tú no? Tú eres un santo, ¿verdad? Seguro que cuando yo me tiré a Heidi tú ya le habías rellenado el horno a Clara, ¿me equivoco? -(Pedro)-
- Pedro, déjalo ya -(Clara)-
- Tú cierra el pico, puta. ¿Cuánto le has cobrado para que te follara? -(Pedro)-
- ¡¡A ti qué te importa!! -(Marco)-
- ¿Te lo ha hecho gratis? -(Pedro)-
- Marco ha sido lo mejor que me ha pasado en mi vida -(Clara)-
- Está bien. Me llevo al niño, al fin y al cabo tú ya tienes otro en camino. Me largo. Le daré recuerdos a Heidi de tu parte Marco cuando me la esté tirando hasta que se quede afónica -(Pedro)-

Pedro se marchó de allí con el pequeño y pilló un bus hasta el aeropuerto donde cogería un vuelo que le llevaría hasta Barcelona donde le esperaba Heidi con las piernas abiertas de par en par.

...continurará

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